miércoles, 8 de agosto de 2012

La Inqulina de Olivos y sus contradicciones


Por Ariel Torres


Ya ha quedado cristalino que el gobierno argentino es una verdadera máquina de desconcertar inversores. El pago del Boden 2012 concretado en estos días es una muestra de la voluntad de pago de la deuda, puesto en duda hace no demasiado tiempo. Los rumores sobre un pago pesificado de esta obligación hubieran significado un inmediato default, no muy distinto al declarado en 2001. Pero nada de ello sucedió, finalmente se depositaron dólares en las cuentas de los tenedores y las reservas cayeron poco más de 1.700 millones de dólares.

Lo sucedido no es diferente de lo que hace el resto de los países cada vez que tienen que cumplir con una obligación, salvo que estos no lo anuncian con "bombos y platillos", como sucedió el jueves último en la Bolsa porteña. La diferencia con otros países de la región es fundamentalmente de dónde sale el dinero. Mientras que la mayoría de los países de la región se refinancia muy barato en los mercados, la Argentina utiliza dinero "cash", es decir las reservas del Central. De esta forma, baja el nivel de endeudamiento del gobierno con el sector privado a niveles nunca vistos en la historia reciente del país. Crece, eso sí, el nivel de deuda con los organismos públicos. Pero ni el Banco Central ni la ANSES saldrán a reclamarle al Tesoro el cumplimiento de una obligación. Lo más probable, por el contrario, es que se sigan refinanciando a tasas ínfimas.
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Esto es, por caso, que la independencia económica que tanto publicita el gobierno esconde, en realidad, el poco margen de maniobra que hoy tiene para cumplir con sus compromisos. Al haber perdido en el camino el superávit fiscal, ya no puede pagar la deuda con recursos propios. Tampoco puede financiarse con los mercados, porque las tasas no resultan competitivas.

Pero veamos: un rendimiento de 15% para un bono argentino que vence en el 2015 es toda una exageración, pero es lo que marca el mercado. Por lo tanto, la única manera de seguir cumpliendo con los compromisos pasó a ser el uso de reservas, una fórmula que ya lleva tres años. Y, según dejó entrever Cristina, será el mecanismo que se seguirá utilizando hasta el final de su mandato, sin ya las tan publicitadas “tasas chinas”.

La Inquilina Nro. 1 no sólo dejó en claro que continuará pagando deuda con reservas, sino que también criticó a los que piden una devaluación, con lo cual nos asegura que la corrección cambiaria seguirá siendo lenta y costosa. Y justificó los controles cambiarios, por lo que no habría que ilusionarse con una flexibilización en los próximos meses, al revés de lo que sugirió el titular de la UIA, José Ignacio de Mendiguren.

Pese a todos estos contratiempos, la cancelación de la deuda en dólares en tiempo y forma no deja de ser una buena noticia. El problema es que las señales que lanza el propio gobierno son demasiado contradictorias, con lo que la desconfianza es cada vez mayor. Estos son algunos aspectos que meten "ruido" entre los inversores:

     --La manipulación del INDEC ya lleva cinco años y medio. La Argentina se transformó en un país sin estadísticas confiables, no sólo en materia de inflación, sino también de indicadores sociales y hasta evolución del PBI. Es uno de los temas que más condena ha generado internacionalmente.

     --La expropiación del 51% de YPF demostró la vocación de mayor injerencia del sector estatal en la economía. Incluso, Cristina indicó que "me hubiera gustado expropiar el 100%, pero preferimos que la empresa siga cotizando en la Bolsa porteña y en Wall Street, porque le da más transparencia". Toda una declaración de principios.

     --Aunque parece que Guillermo Moreno ha merecido algunas reprimendas por parte de la presidenta, la figura emergente para reemplazarlo no genera demasiado entusiasmo entre los empresarios e inversores. Axel Kicillof mantiene un fuerte discurso intervencionista y se ha manifestado públicamente en contra de que las empresas consigan ganancias elevadas. La principal prueba de esta postura fue el decreto en el que se le otorgan amplias facultades para intervenir en el sector hidrocarburífero. 
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     --Las restricciones cambiarias generan una fuerte inestabilidad de las reglas de juego. Resulta imposible invertir en un país en el que no se sabe si se podrá acceder o no al día siguiente al mercado cambiario. En la misma dirección, el Banco Central prácticamente ha impedido el giro de utilidades al exterior a las empresas en lo que va de 2012.

     --El atraso cambiario creciente (que se manifesta además en el incremento de la brecha entre el dólar formal y el "blue") también representa un freno para nuevas inversiones. Sucede que las empresas saben que estarían realizando una apuesta en un momento en el que todo resulta muy caro, incluyendo los salarios medidos en dólares. Esta falta de competitividad, generada por una inflación galopante y un tipo de cambio que se retrasa mes a mes, actúa en contra de cualquier apuesta a largo plazo.

Es un hecho que la continuidad de la política económica, incluyendo el atraso cambiario, el cepo a la compra de dólares y la fuerte injerencia estatal en la vida empresaria, mantendrá la tensión que existe actualmente. Se notará cada vez más la contradicción de un país que consigue fuerte generación de dólares a través de la soja y cierta holgura para cumplir con el pago de deuda, frente a un esquema que sólo consigue frenar la tendencia de fuga de capitales con medidas que son cada vez más opresivas, con impacto en la vida cotidiana del público y de las empresas.

Sin contar la lesión permanente a los derechos de una ciudadanía extrañamente anestesiada.

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