miércoles, 18 de marzo de 2015

El costo de no devaluar está cada vez más cercano

Por Ariel Torres




Detrás de cada línea opositora que se manifiesta en estos días, la frase “el kirchnerismo le dejará el costo político de la devaluación al próximo gobierno”, se escucha a derecha e izquierda. Es una frase que vende, pero es errónea, típico de aquellos que no entienden cómo funciona el sistema de precios. CFK se verá forzada a realizar una devaluación, aún contra su voluntad, más temprano que tarde, simplemente porque los precios internacionales no responden a la voluntad de la exitosa abogada.

En este primer semestre de 2015, quien empujará al gobierno a devaluar será nada menos que Brasil, destinatario del 22% de nuestras exportaciones (esto lo hace nuestro principal comprador), que no necesariamente está “devaluando”, sino que tal afirmación se refiere a un fenómeno más característico, en el cual el mercado de monedas determina todos los días cual es la tasa de conversión de reales por dólar. Si bien el Banco Central de Brasil puede intervenir, quien determina el tipo de cambio es la oferta y demanda de reales. No hay una decisión política de devaluar, sino que el tipo de cambio se deprecia o aprecia al ritmo de la oferta y demanda de reales. Esto ocurre básicamente porque en Brasil efectivamente hay un mercado libre para intercambiar dólares por reales. En Argentina, ese mercado está totalmente intervenido y es ficticio.

Si así no fuera, podríamos comprar toda la cantidad de dólares que quisiéramos a $ 8,70.

Los que defienden la consigna de que el gobierno argentino puede mantener el tipo de cambio oficial en los niveles actuales o con “devaluaciones programadas” son los mismos que piensan que los gobiernos pueden fijar algunos precios. Y esta idea la han tenido cientos de gobiernos a lo largo de la historia, pretendiendo fijar principalmente su tipo de cambio. Los resultados han sido contundentes: en el 100% de los casos los gobiernos han eventualmente fracasado en esta tarea. Un ejemplo reciente es la fuerte devaluación de la libra esterlina en 1992, pero podríamos hablar también del reciente anuncio del Banco Central de Suiza por el cual decidió dejar de defender su moneda.

Así como Inglaterra no pudo contener la devaluación de la libra, ni Arabia Saudita  puede contener el precio del petróleo, CFK no podrá mantener al peso argentino en estos niveles disparatados, por la simple y sencilla razón de que necesita de la entrada de dólares, y con este tipo de cambio atrasado, cada día que pasa caen las proyecciones de ingresos netos de divisas. Y como no alcanza con los oscuros préstamos provistos por China, va a necesitar de esos dólares antes de irse y no tiene de donde sacarlos.

Si bien ser caro o barato es una cuestión más bien relativa, la mayoría de los países se han vuelto más baratos que Argentina en el último año. Todos nuestros vecinos venden productos idénticos a los nuestros y cada vez los ofrecen a precios más bajos. No hay que ser un sabio para entender que quienes antes nos compraban, ahora comprarán acá al lado, o allá enfrente.

Pero veámoslo con más claridad en este ejemplo, que incluye la evolución del tipo de cambio, y también la inflación:

-         Si un extranjero venía a Argentina el 1 de febrero de 2014, con 100 dólares podía comprar 801 pesos. Imaginemos un único bien cuyo precio es $ 1, entonces esta persona podía comprar 801 unidades de este bien.

-       En la actualidad -marzo de 2015- ese mismo extranjero puede comprar con 100 dólares, 877 pesos. Pero ahora ese único bien que antes costaba $1, cuesta $1,40 (por la inflación). Entonces con sus 877 pesos puede comprar sólo 626,43 bienes (monto de 877 pesos dividido el precio de $1,40).

-       Notamos que antes compraba 801 bienes y ahora compra 626,43. Es decir que el poder adquisitivo de 100 dólares cayó un 21,80% desde febrero de 2014 a la fecha.

Ahora bien, allí no termina la muestra, puesto que en casi todos los países del mundo, hoy 100 dólares compran más bienes que en febrero de 2014, en particular en Brasil donde compran un 20,5% más:


La tabla muestra que en prácticamente todo el mundo, 100 dólares compran hoy bastante más que en febrero de 2014. En nuestro país, sucede exactamente lo opuesto y eso no es sostenible. Para rematar, la última semana el real se depreció casi un 10% más. Cada vez que escuchen “no vamos a devaluar aún cuando el real haya caído” deben interpretarlo como “estamos pensando como disfrazar nuestro relato porque vamos a tener que devaluar si o si”.

Por eso cuando CFK y sus acólitos repiten a quien quiera oír (son cada vez menos) que “este gobierno no va a asumir el costo de la devaluación”, deben entender en realidad que esa es una decisión que excede sus facultades. El mercado y el sistema de precios son mucho más poderosos que un político megalómano, o un tecnócrata de pocas luces.


Es la ciencia la que ya ha tomado la decisión diciendo a viva voz que Argentina está cada día más cara y que la devaluación es inevitable.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Venezuela y sus calles de sangre

Por Ariel Torres

Fuente: Diana Fernández Irusta
Foto: Carlos Ramírez / Reuters


El martes pasado fue día de luto en San Cristóbal, la ciudad próxima a Caracas que el año pasado protagonizó lo más virulento de las protestas estudiantiles contra el gobierno de Maduro. Con la crisis económica y el descalabro político agudizados (y pese a las 43 muertes que se habían cobrado aquellas manifestaciones), la gente volvió a las calles. Pero nada bueno presagia un país cuyo Ministerio de Defensa autorizó el uso de armas de fuego para repeler las marchas callejeras. La desgarradora juventud de Kluiverth Roa profundiza el anuncio de tragedia.

Hay que tener 14 años, y muchas ganas de gritar, de marchar (¿a cuántas manifestaciones puede haber asistido alguien que apenas supera la primera década de vida?), y más deseo aún de tomar cada minuto del día de a sorbos rápidos, voraces, maravillados.
Hay que tener 14 años y empezar a leer algo más que lecciones escolares y cuentos infantiles; escuchar el rumor de algo llamado política y empezar, quizá tímidamente, a articular odios, amores y principios. Hasta que un día, entre la adrenalina y la fascinación de lo nuevo, se sale a la calle, ignorante de que ése será el último día. Que esa -¿primera? ¿segunda?- manifestación será la definitiva, la del cráneo reventado en esquirlas y horror, la cancelación de todas, absolutamente todas, las oportunidades.
Algo de ese espanto estará sintiendo el chico que en esta foto increpa a los cuerpos de seguridad venezolanos: la sangre en su torso y manos, testimonio de la que vertió, en abundancia letal, el estudiante Kluiverth Roa, 14 años de vida hasta el balazo que lo calló para siempre.
El manifestante anónimo grita, encara, gesticula. Por sobre todo, muestra la sangre que clausura toda alternativa de palabra. Y avanza solitario, pura garra y conmoción, hacia la impavidez de los hombres armados que -no lo sabemos- quizás escuchen, quizá miren hacia otro lado. Quizá titubeen entre amenazarlo o dejarlo hacer.

domingo, 18 de enero de 2015

La otra cara de la baja de los precios del crudo

Por Ariel Torres


Mientras el desplome del precio del petróleo es un dolor de cabeza para muchos países, para otros es una gran bendición. Los consumidores, que también salen beneficiados, aún no sienten los efectos positivos. Analicemos las razones.
En marzo de 2008, el precio del petróleo llegó a la cifra récord de 105 dólares el barril. Había subido en solo un año 50 dólares y eso tenía a medio mundo alarmado y buscando cómo enfrentar las consecuencias negativas de dicha alza. Para examinar formas de encarar la situación, a instancias del Banco Mundial y la Universidad George Washington se reunieron, en marzo de ese año, más de 140 autoridades de bancos centrales, ministerios de Energía y Finanzas, ejecutivos de empresas petroleras, representantes de consumidores de petróleo de la industria pesada, así como economistas.
La gran preocupación radicaba en que el aumento de los costos de la energía perjudicaba el crecimiento global. Como resultado, varios países en desarrollo comenzaron a perder terreno en la lucha contra la pobreza. Por ejemplo, en Filipinas 4 millones de personas volvieron a caer en esa condición en 2008. El alza del precio obligó a algunos países a mantener los subsidios al petróleo y compensar a los pobres.
Pues bien, siete años después, el mundo está tan alarmado como antes, pero esta vez por una situación contraria. El precio del crudo va cuesta abajo. La semana pasada cruzó la barrera de los 50 dólares el barril. En el último año, la referencia WTI (de Estados Unidos) ha caído 48 por ciento, mientras que el Brent (de Londres) lo ha hecho en 56 por ciento.
El desplome del precio tiene en serios apuros a países productores como Rusia, algunos de Oriente Medio, el norte de África y Venezuela que es, de lejos, el mayor perdedor. Según el Banco Mundial, por cada 10 por ciento que se abarata el petróleo, estos países exportadores podrían ver reducido su crecimiento hasta en 3 puntos porcentuales.
Pero no son los únicos afectados. El petróleo juega un papel muy importante en varias economías latinoamericanas como Ecuador, Colombia, México, Brasil y Argentina. El impacto sobre los dos primeros es significativo, pues sus exportaciones dependen en 60 y 67 por ciento, respectivamente, del petróleo. Se estima que por el desplome del precio del crudo, Colombia dejará de recibir este año 9 billones de pesos.
La situación de México, segundo productor de la región, es diferente pues su fuerte sector manufacturero se beneficia de la baja de los costos de la energía. Para Brasil la situación es menos dramática, pues depende mucho menos de los ingresos petroleros, lo que no quiere decir que no lo afecte. Tanto en México como en Brasil, la caída de los precios pone en riesgo los planes de inversión para explotar más petróleo, en especial los yacimientos en aguas profundas.
También en Argentina el tema tiene doble cara. En el corto plazo alivia las cuentas fiscales porque abarata las importaciones de combustibles, pero en el largo es una mala noticia para sus proyectos de invertir en hidrocarburos no convencionales en la llamada formación Vaca Muerta.
La brusca caída en la cotización también preocupa en Wall Street, donde las acciones de las grandes petroleras se han desplomado. Los analistas pronostican un descenso de más del 20 por ciento en las utilidades de las compañías energéticas en ese mercado neoyorquino.
En Economía, lo malo para unos puede ser bueno para otros. El Banco Mundial (BM) señala que los beneficios de la caída del crudo pueden ser muy significativos para los países en desarrollo que son importadores. Los precios más bajos contribuirán al crecimiento y reducirán las presiones fiscales, inflacionarias y externas de India, Sudáfrica o Turquía.
Los países en desarrollo que importan crudo tienen la gran oportunidad de llevar a cabo reformas estructurales y financiar programas sociales con el excedente inesperado de las nuevas importaciones más baratas. De acuerdo a eso, una caída del 30 por ciento en el precio del petróleo podría repercutir en un crecimiento de la economía global de medio punto porcentual a mediano plazo. Para los países importadores este medio punto del PIB se lograría con una reducción del 10 por ciento en el precio del petróleo.
Algunos países están frotándose las manos, entre ellos España, que depende en más del 90 por ciento del petróleo que trae del exterior. Cualquier abaratamiento de esta materia prima representa una reducción de los costos en general.
Entre tanto, Chile es el más beneficiado en América Latina. Depende en buena medida de la producción de cobre, que consume mucha energía que ahora se abarata. Según el banco de inversión británico Barclays Capital, para Chile, el mayor importador de crudo del área, la caída de los precios podría ayudar a aliviar la inflación.
Otros beneficiados son los países de Centroamérica y el Caribe, porque son importadores netos.
Ahora bien, dado que el petróleo es un factor determinante en la canasta de costos de muchos bienes y servicios, su caída debería reflejarse en el descenso de algunos precios, por lo menos en teoría. Se considera, por ejemplo, que se deben abaratar los costos del transporte —tierra, mar y aire— En este sentido, los consumidores esperarían pagar menos por la gasolina, pero no ha sido así. Un informe de la BBC señala que en América Latina siguen pagando igual o incluso más que hace seis meses.
A los colombianos llenar el tanque del carro les cuesta hoy casi lo mismo que cuando el barril estaba en 100 dólares. A los mexicanos aún más. Las razones, en la mayoría de los países, están en los impuestos y los subsidios. Mientras que en Colombia, en los últimos seis meses, el barril de crudo cayó en más del 50 por ciento, el precio del galón de gasolina apenas disminuyó 3 por ciento.
Pero Colombia está lejos de tener el combustible más caro de la región. Al inicio del año, el precio en Argentina llegaba a 1,31 dólares por litro y superaba al de Uruguay. En México se vive una situación similar. En diciembre pasado la gasolina costaba 0,91 centavos de dólar por litro y el primero de enero se declaró un aumento de 1,9 por ciento.
Y mientras el precio de la gasolina ha caído rápidamente en Estados Unidos, en Europa los gobiernos aplican impuestos que encarecen el precio que paga el público. Por otro lado, dada la conexión que existe entre el precio de la energía y el de los alimentos, la caída del petróleo —en la teoría— debería favorecer la seguridad alimentaria del mundo.
Los altos precios energéticos de los últimos años aumentaron los costos de los fertilizantes y el transporte. Además, estimularon la producción de biocombustibles, lo que hace que los alimentos se usen para mover los autos. Se esperaría que en un escenario contrario, como el actual, la situación se invierta.
Se estima que el precio de los alimentos y de la energía representa más del 70 por ciento de la canasta de consumo de los pobres, lo que significa que las consecuencias de la caída del petróleo, a largo plazo, deberían ser favorables, puesto que los pobres del planeta son altamente vulnerables a los efectos del aumento de precios en los combustibles y los alimentos.
El asunto es que a lo largo de la historia se ha mostrado cómo el vaivén del petróleo perjudica a unos y favorece a otros. Son las dos caras de la moneda, 

Muchos se preguntan por qué no bajan los precios atados al petróleo. En el caso de la gasolina,  hay varias razones. Una de ellas es la fórmula para calcular el precio del combustible en la que la tasa de cambio es una variable de gran peso. En seis meses las devaluaciones han tenido peso propio. Además, están los impuestos que representan más del 50 por ciento del precio de la gasolina, en algunos casos.

Los tickets aéreos tampoco bajan, aunque la gasolina pesa un 40 por ciento en los costos operativos de la industria aérea, y eso es por los efectos devaluatorios. Se estima que alrededor del 60 por ciento de los costos operacionales de las compañías está atado al dólar.
Otro sector que debería beneficiarse con el desplome de los precios del petróleo es el transporte de carga por carretera si se tiene en cuenta que los combustibles representan el 39s por ciento de sus costos operativos. Pero como ni la gasolina ni el gasoil han descendido sustancialmente de precio, el sector ha advertido que viene un encarecimiento de los fletes.
Por otro lado, tampoco se ha sentido la reducción en el precio de la urea, uno de los fertilizantes más importantes para la agricultura, y cuya materia prima es el petróleo.  Mientras el petróleo ha caído un 50 por ciento, el costo de la urea en Latinoamérica solo ha descendido un 5 por ciento.

No está dicha la última palabra en la baja del crudo, ni mucho menos.

martes, 2 de diciembre de 2014

El Blue a $ 20 ya no es una fantasía

Por Ariel Torres



Cuando el gobierno kirchnerista implementó el cepo cambiario allá por el 31 de octubre de 2011, el Blue estaba en $ 4,49, y su tendencia a partir de allí fue siempre hacia arriba. Hoy está sobrevolando los $13,50, pero esta crecida no ha sido necesariamente en línea recta, como es lógico en el precio de cualquier activo. Ninguno se mueve de manera lineal.

Hace poco más de un año y medio, en febrero de 2013, en esta misma columna estando fuera del país, escribí que el Blue iba camino a los $ 10. En esos días, el Blue estaba en $7,50 y yo estimaba que el pronóstico de los $10 debía llegar hacia mediados de año (se terminó dando a comienzos de mayo de 2013). Ya más curtido, a mediados de octubre de 2013, escribí que el Blue iba camino a los $ 12 y la cotización paralela de fines de enero de 2014 me dio la razón. Cuando Argentina iba hacia el default aconsejé comprar U$S con el Blue en $12,80 y dos meses después, ya se encontraba en $16, un valor con un altísimo componente especulativo, por cierto.

Ahora bien, en algunas consultas privadas sobre cuándo va a dar el tan esperado rebote, siempre respondo lo mismo: “no existe capacidad alguna del gobierno para sostener la actual cotización, y si sigue ejerciendo el poder de policía en las cuevas, la gente lo va a comprar en la calle”. Hay otras respuestas, y lo ampliaré de inmediato, pero el escenario del Blue a $ 20 en marzo de 2015 me parece más que valedero.


Cuando Vanoli asumió como presidente del Banco Central, el Blue tuvo una abrupta caída del 22%, desde la zona de los $ 16 a los $ 12,50, y por supuesto que no alcanza este escenario para decir que la tendencia alcista en el dólar ha finalizado. El Blue ha tenido caídas de magnitud similar en el pasado, luego de lo cual siguió subiendo. Tal fue el caso cuando alcanzó los $ 10,80 hacia junio de 2013 y después cayó a la zona de $ 8 y cuando alcanzó los $ 13 pesos en febrero de este año para retroceder hasta $ 10,50.




La Base Monetaria está hoy en aproximadamente $ 420.000 millones y las Reservas en casi $ 29.000 millones, lo que da un referencial de $ 14,50 para el tipo de cambio, más lo que la expectativa negativa y la especulación le sumen. No hay secreto en esto. Y tengo serias dudas de que el gobierno pueda seguir absorbiendo los pesos que emite a través de distintas Letras. Con la Base Monetaria en la zona de los $ 500.000 y las reservas en la zona de $ 25.000, como preveo para marzo, el dólar convertibilidad llegaría a $ 20. Matemática pura, mis amigos.

Para entender porqué cayó el Blue los últimos días hay que poner atención en algunos factores: el primero fue porque se impidió la operatoria del Contado con Liquidación (el volumen transado cayó en un 90%!!!). El Contado con Liquidación es el mercado blanco libre del dólar, y la operatoria se impidió a través de todo tipo de presiones (investigaciones de la AFIP y poder de policía) a los participantes de ese mercado. Lo más tenebroso del análisis es que el Blue no cayó por cambio de expectativas, porque si así hubiera sido, el Boden15 no seguiría teniendo un rendimiento absurdamente alto como lo tiene.

En segunda instancia, además de hacer este análisis descriptivo del pasado, no debemos perder de vista lo esencial: el problema que genera la caída del valor del peso continúa sin solución, y cae porque el estado gasta más de lo que recauda y esa diferencia la cubre dale que te dale a la maquinita de imprimir billetes. Tan simple como eso. Con un año electoral en puerta, resulta difícil pensar que el estado actuará con siquiera un poco de la disciplina fiscal que debería tener.

Veamos mientras cómo está intentando financiar este gran gasto minimizando la necesidad de imprimir pesos, por dos grandes caminos: endeudamiento interno y esterilización.

El endeudamiento interno ha sido una novedad que ha explorado el gobierno recientemente a través de la emisión de bonos “dollar linked” (atados al precio del dólar oficial). Sin embargo esta es una vía muy limitada y sólo se han conseguido colocar el equivalente a unos $ 14.000 millones de pesos. Esto es muy poco comparado con los $ 200.000 millones de pesos de ampliación de gasto anunciados en agosto de este año y los $ 57.000 millones extra anunciados hace dos semanas.

La esterilización comprende al mecanismo por el cual el estado se financia imprimiendo pesos, al tiempo que instruye al Banco Central a que se endeude por montos similares con deuda de corto plazo (las llamabas LEBACS o Letras del Banco Central). Pero cualquier persona con un mínimo de sentido común entenderá que esta es sólo una solución de corto plazo y no es más que esconder la basura debajo de la alfombra: no se puede jugar este juego de manera indefinida. Los agentes del gobierno que se hacen llamar economistas creen que pueden hacerlo a su gusto y placer. Un error importante.




Pero veamos ahora la parte más interesante y peliaguda de todo este embrollo: el gobierno espera resolver el problema de los holdouts apenas iniciado el 2015 para luego tener vía libre para endeudarse en el exterior y llegar a finales del año electoral con un poco más de aire. La subestimación de los factores es lo que a mi entender los/nos condenará, puesto que han dado sobradas pruebas de impericia intelectual para resolver problemas macro y no conocen los tiempos de los mercados de capitales.

Las dificultados para lograr un acuerdo ya están a la vista, conjuntamente con los pocos incentivos de los prestamistas internacionales de prestarle dinero a un gobierno en retirada, que sigue gastando sin solución de continuidad.

Dicen que los economistas somos los mercaderes del desastre, definición con la que no coincido en absoluto, pero –para ponerlo en términos futbolísticos- este gobierno no para de tirar centros. Hay que adelantarse a la jugada: el momento de compra es hoy.

viernes, 28 de noviembre de 2014

Mercado: la interpretación de Kicillof

Por Ariel Torres

Fuente: Roberto Cachanosky para La Nacion



En su reciente discurso en la Cámara Argentina de la Construcción el ministro de Economía, Axel Kicillof, afirmó: "Aunque las políticas públicas sean heterodoxas, no le gustan a los mercados." y el párrafo sigue, pero en esta nota solo me interesa resaltar la parte de su afirmación en que dice "los mercados". En primer lugar, llama la atención que un economista, que entiendo fue o es profesor universitario, hable de "los mercados". Es decir, en plural. Y llama la atención porque no existe tal cosa como los mercados, existe el mercado. ¿Por qué? Porque el mercado no es un lugar físico en que un señor gordo, con una cadena de oro colgando de su bolsillo y un gran habano maneja toda la economía. Eso es para las historietas. Como decía antes, el mercado no es un lugar físico, es un proceso. Un proceso para descubrir cómo asignar eficientemente los escasos recursos productivos para satisfacer la mayor cantidad de necesidades de la gente.
Como economista y profesor universitario, Kicillof debería saber que los recursos productivos, capital y mano de obra, son escasos, en tanto que las necesidades son ilimitadas. El primer problema de la economía es determinar dónde asignar ese capital y mano de obra escasos. Pero para eso tienen que saber qué necesita la gente con mayor urgencia. Dicho de otra manera, necesitan saber cómo valora la gente cada bien de la economía y en ese momento, porque la gente va cambiando el valor que le otorga a los bienes a medida que va consumiendo.

Tal vez Kicillof recuerde el ejemplo que suele darse en clase sobre las porciones de pizza. Una persona con hambre come con muchas ganas la primera porción de pizza. Con algo menos de ganas la segunda, la tercera menos, la cuarta tiene menos valor para la persona y tal vez la quinta ya le produzca repugnancia. Es definitiva, el valor que la persona le otorga a la pizza va cambiando a medida que va consumiendo una porción detrás de otra. El valor que le otorga a los bienes depende de las circunstancias.
Esto es lo que ocurre con la economía todos los días. Hay millones de consumidores que tienen recursos escasos para comprar bienes y servicios pero, al mismo tiempo, van cambiando sus valoraciones. Cuando una persona compra un bien o se abstiene de comprarlo está diciendo cómo valora ese bien. El conjunto de las valoraciones, decisiones de comprar o no comprar, que no es otra cosa que decidir si valoro más el dinero que tengo o el bien que podría comprar, es el que determina los precios del mercado y está en la habilidad del empresario descubrir dónde hay una necesidad insatisfecha para el consumidor.
La batería de controles de precios, regulaciones, prohibiciones, imposiciones, etcétera muestra que Kicillof no entiende el mercado como un proceso. Es más, no entiende que ese proceso lo hace la gente común. Millones de personas que van fijando los precios al comprar o dejar de comprar. Al no entender que es un proceso democrático y hecho por la gente, Kicillof pretende reemplazar las valoraciones de millones de personas por sus opiniones personales. Él decide qué se produce, en qué calidades se produce, cuánto se produce, a qué precios se vende. La opinión de la gente no importa para el que se considera superior al resto de los seres humanos. Es curioso, porque los kirchneristas, ante el primer planteo dicen: si no les gusta hagan un partido político y ganen las elecciones. Es decir, le dan un valor supremo al voto de la gente al momento de ir a una urna, pero la consideran estúpida al momento de decidir qué tiene que hacer con su dinero.
Por eso vemos un fenomenal fracaso en lo que ellos llaman el modelo. El gran error es creer que son superiores al resto de los habitantes. Que el mercado no es un proceso democrático en el cual la gente vota todos los días comprando o dejando de comprar. Aquí la opinión de la gente no cuenta. Sus valoraciones sobre qué bienes hay que producir no importan. Un burócrata sentado en un escritorio con una planilla excel pretende sustituir a millones de consumidores. Y ese es el problema de Kicillof, pretende conocer lo que ningún ser humano ni computadora puede llegar a conocer.
Cuáles son y cómo van cambiando las valoraciones de millones de personas. Eso es el mercado.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Hacia dónde va el Blue

Por Ariel Torres


Hay una nueva montaña rusa en Argentina, y se llama Blue. En las últimas 7 semanas tuvo su récord, cercano a $ 16 por dólar, para después bajar abruptamente hasta los $ 12,65. A fines de la semana pasada rebotó un poco, y se espera que siga en ese camino en esta semana.

Todo el mundo argento se pregunta para dónde va, o si se estacionará, claro que para responder eso hay identificar los factores que influyen en este particular mercado que, tal como  en otros, está sujeto al juego de la oferta y la demanda para determinar el precio. Por el lado la oferta, tenemos la oferta de dólares que se origina por operatoria “dólar ahorro”. Asimismo esta operatoria tiene su contrapartida, ya que si se colocan dólares se retiran pesos del mercado. El 90% de las personas que solicitan “dólar ahorro” retiran los dólares billete del banco. Si tenemos en cuenta que en el mes de Octubre fueron record las compras de “dólar ahorro”, se realizaron compras por 446 millones de dólares (el 90% son 401 millones) Esto quiere decir que a una cotización de 8,50$ mas 20% (percepción), se necesitan 10,2$ para retirar cada dólar. La sumatoria da cerca de  4090 millones de pesos de absorción.  A su vez las reservas del BCRA no sufrieron tanto ya que las empresas cerealeras se comprometieron a liquidar dólares y a cambio el Gobierno Nacional colocó bonos ajustados a la devaluación (BONAD).

Esta colocación es un seguro de cambio que permitió la liquidación de dólares y también la absorción de pesos.

Pero por otro lado, la intervención en el “contado con liquidación”, permitió quebrar las expectativas del mercado blue, aunque el volumen operado en la actualidad es insignificante y habrá que observar la evolución del precio con mayor volumen.

Adicionalmente, con los controles a las “cuevas financieras”, se aplicaron sanciones a compañías financieras que operaban el mercado blue, lo que de alguna manera también sirvió para mantener la cotización controlada.

Ahora bien, la demanda de dólares depende de los pesos que dispongan los agentes económico, y en el caso de los flujos de dinero, tiene que ver con cuantos pesos le quedan a fin de mes a los trabajadores. En este punto hay gran una incidencia de la inflación en el salario, ya que si ésta le gana al salario nominal, menor cantidad de pesos habrá para comprar dólares. La inflación repercute de manera directa en este último trimestre, ya que teóricamente en lo que resta del año no habrá subas significativas de salarios nominales.

Analizando la cosas por el lado de los stocks, si una persona tiene un plazo fijo necesariamente  va a comparar la tasa de interés contra la expectativa de la devaluación del dólar paralelo. Si la tasa de interés es mayor que la devaluación del blue esperada, se queda en pesos, y si es menor optaría por los dólares. En ese sentido, el titular del BCRA reguló las tasas pasivas de los bancos con una tasa minima de 23,3% para los plazos fijos a 30 días, a fin de evitar la huída masiva del peso.


Si tenemos en cuenta que se necesitan pesos para convalidar una suba del blue, entonces debemos mirar el “dólar cobertura”, que se mide dividiendo la base monetaria (pesos en la calle) por las reservas, lo que nos indica una tendencia a la cual apunta el blue. Al 7 de noviembre este guarismo se ubicaba en el orden de los $ 14,83 por dólar, bastante por encima de la cotización del Blue por estos días, lo cual indica – y lo vengo diciendo hace varios días- que muy probablemente el blue esté barato hoy.



Al no haber pesos en la calle, las compras del dólar ahorro disminuyen, y por eso cae la oferta de dólares en el mercado blue. En otro sentido, el “Dólar cobertura” subirá por la sencilla razón que en los 2 últimos meses del año, históricamente el BCRA emite una mayor cantidad de pesos, principalmente por asistencia al Tesoro Nacional, por mayores pagos de sueldos debido al SAC. Sólo en diciembre de 2013 la base monetaria se incrementó en 40.000 millones de pesos, y este año ese número aumentará cerca de 60%.
Por otro lado, las reservas internacionales  difícilmente tendrán un incremento significativo, aunque sobrevuelen los swaps, ya que se necesita un acuerdo con holdouts previamente para que ingrese dolares “frescos” y esto no se dará antes de Enero de 2015 o –a mi entender- bastante más adelante.

Sin olvidar la voracidad de los sindicatos por lo que han denominado el “bono navideño”, que es una apertura informal de las paritarias, ya sin eufemismos.

Si atendemos lo expuesto anteriormente, la montaña rusa del blue terminará en breve. El apetito de los argentinos por la divisa norteamericana aumentará como es ya un acostumbre estacional, sumado a una convergencia de las expectativas cada vez mayor.

Mi pronóstico es que a fin de año el blue estará –mínimo- entre $1 y $ 2 más caro que hoy.

lunes, 10 de noviembre de 2014

El dólar antropológico

Por Ariel Torres



Todo es posible en el mundo de las finanzas. Y si las finanzas son argentinas, la afirmación se multiplica. No hubo confabulación de los medios para generar una psicosis compradora que desestabilizara el mercado de cambios, ni mucho menos. Pero lo claro es que la noticia sorprende si se sale de la norma; no es lo mismo una fuerte suba, que una baja como la que ocurrió en las últimas semanas, que casi nadie esperaba, aunque fuimos varios los economistas que anticipamos que los bonos denominados "dolar Linked" -que son emitidos en dólares pero que se pagan en pesos al tipo de cambio oficial- del Gobierno iban a producir un efecto sorpresivo.

Descontando el hecho de que el precio del dólar depende de factores reales y psicológicos, yo le agregaría un fuerte componente antropológico, porque pareciera formar parte de nuestro ADN, como una suerte de componente evolutivo.

Si bien el dólar oficial debe guardar relación con la oferta y demanda de divisas, ello depende básicamente de lo que ocurra con el balance de pagos, que es el instrumento contable que registra justamente los ingresos y salidas de divisas del país, sin importar si los movimientos son de operaciones comerciales o financieras.

Si el balance de pagos es superavitario el dólar tiende a bajar y cuando es deficitario, obviamente sube. El Gobierno, no obstante, puede intervenir en el mercado de divisas usando las reservas; así cuando el balance de pagos es deficitario, puede cubrir la diferencia de esa manera. El uso de los dólares que guarda el Banco Central puede evitar entonces que la mayor escasez de divisas se refleje en una suba del dólar, claro que es algo que no se puede hacer indefinidamente porque aunque, como bien dijo el presidente del BCRA, “las reservas están para usarse”, el chanchito se acaba si uno siempre saca y nunca pone.

En el mismo sentido, la autoridad monetaria puede regular el mercado de cambios prohibiendo o limitando la compra de divisas, o recibir ayuda de las autoridades de la Secretaría de Comercio y limitar las importaciones, relajando así la demanda de dólares, aunque ello genere consecuencias negativas en materia de crecimiento.

Es por eso que resulta inadmisible e increíble que el dólar oficial cueste solo 6% más que a fines de enero, porque en el medio ha habido una inflación acumulada de entre el 20% (si tenemos en cuenta la del INDEC) y el 30% (si escuchamos a los privados), lo que implica que si el dólar no aumenta nuestro país se pone más caro que el resto del mundo, generando aumento de las importaciones y caída de las exportaciones (sobre todo las de manufacturas de origen agropecuario, que son el corazón de las economías regionales). Solo por culpa de la inflación y si nada más hubiera sucedido, el dólar hoy debería valer entre 9,60 y 10,40.

Pero hay otros factores que ayudan a que los dólares escaseen cada vez más; el precio internacional de la soja cayó 27%, nos condenaron a pagar una deuda a los buitres que sobrevuela los 15.000 millones de dólares, y por si eso fuera poco, nuestros vecinos comerciales están devaluando y el dólar se está fortaleciendo. De allí se desprende que la política cambiaria oficial es insostenible y es donde entran a tallar las expectativas, porque el mercado comienza a descontar que más tarde o más temprano sobrevendrá la tan temida devaluación.

Por eso es que el Gobierno hace todo lo que puede por trabar importaciones, no entrega divisas a las empresas que deben comprar insumos afuera y se desploma la producción de autos, por ejemplo. Al mismo tiempo da señales fuertes de que no piensa devaluar, puesto que acaba de colocar un bono (el BONAD 2016) que funciona como un seguro de cambio, porque está atado al dólar oficial.

Por su parte, el paralelo o blue, también depende de factores reales y psicológicos. En el siguiente gráfico vemos que en el mediano plazo hay una relación casi perfecta entre el dólar informal y el “dólar cobertura” que es el nombre que recibe la relación entre la cantidad de pesos que hay en la economía (la base monetaria) y las reservas de divisas del banco central.


Esta relación es el guarismo más importante a tener en cuenta, y tiene que ver con que la Argentina ha perdido la soberanía monetaria, por imprimir dinero sin respaldo de una manera descontrolada durante muchos años. El dinero fiduciario ha perdido entonces su valor simbólico (que depende básicamente de la confianza y el crédito del Gobierno) y solo le queda valor como mercancía, en función de su posibilidad de ser cambiado por dólares, la moneda en la que el argentino confía.

Nótese en el siguiente gráfico de dispersión la correlación que hay entre el dólar cobertura y el blue. Un 94% de los cambios en la cotización del paralelo pueden ser explicados por cambios en la relación entre pesos y dólares.


De todas maneras,  si volvemos a mirar el primer gráfico, podemos notar que cada cierta cantidad de tiempo se produce una corrida al dólar paralelo; una especie de burbuja con forma de serrucho, en una especie de sobrerreacción para luego bajar un poco, quedando en un nivel más alto que el anterior. En los últimos dos años, hubo un primer pico en enero del 2013, otro en mayo de ese año, un tercero en enero del 2014 y un cuarto shock en septiembre pasado. Estas últimas semanas estamos viendo una quinta corrida, aunque por primera vez el cambio es hacia abajo.

En todos los casos la dinámica es la misma y la voy a explicar con un ejercicio que se lo debo a un gran ex profesor mío de Economía del Comportamiento.

Miren por favor la siguiente secuencia de cotizaciones del dólar paralelo. Las flechas en rojo para abajo significan que ese día bajó el billete norteamericano, mientras que las flechas amarillas para arriba representan una suba del blue.


Supongamos que termina la primera semana y usted ve que el dólar bajó el lunes, el martes, el miércoles, subió el jueves, pero volvió a caer el viernes. Qué cree usted que sucederá la próxima semana? Si tuviera pesos y dólares, qué haría ese viernes cuando termina la semana? Compraría más dólares o vendería los que tiene?

Pero antes, mejor observemos la semana siguiente de cotizaciones.

El dólar bajó el lunes y el martes, subió el miércoles y volvió a perder posiciones el jueves y el viernes. Cuando termina esa semana, compraría o vendería dólares?

Bien, continuemos observando cómo sigue el mercado una semana más

Ahora continuó la caída el lunes y el martes, pero el dólar subió miércoles, jueves y viernes. Qué haría usted al final de esta tercera semana? Compraría más dólares, vendería algunos de los que tiene o se quedaría sin hacer ninguna operación?

Les cuento que les he tomado el pelo con el ejercicio anterior, puesto que las evolución del mercado del dólar que han visto en estas tres semanas no es real. La armé con una función de Excel que se llama “Aleatorio” y que arroja al azar números entre 0 y 1. Si el número que salía era mayor que 0,5 ponía una flechita para arriba, si en cambio salía un número menor que 0,5 lo representaba en el ejercicio con una flechita roja hacia abajo. Una metáfora ardiente, diría un amigo.

Hablando en criollo bien básico, les cuenta que no hay ninguna tendencia en el ejemplo de cotizaciones con el que jugamos recién. Las rachas son producto exclusivo del azar. El problema es que no estamos preparados cognitivamente para ver el azar; no lo comprendemos. Estamos diseñados evolutivamente para detectar la más mínima tendencia y reaccionar instintivamente ante ella.

Ocurre que cuando todos creemos ver una tendencia alcista, salimos masivamente a comprar para aprovechar la suba y generamos un aumento real del dólar. Lo mismo cuando creemos ver una tendencia a la baja.

Estas últimas semanas se han combinado entonces factores reales y psicológicos para explicar la baja en el dólar. En primer lugar el Gobierno decidió cambiar su estrategia de financiar el déficit fiscal emitiendo billetes y salió a endeudarse con un bono (el BONAD 2016) que además funciona como un seguro de cambio porque es dólar linked. El 27 de octubre se activó el primer tramo del swap con China por 814 millones de dólares. Combinadas, esas estrategias han bajado el dólar cobertura que había llegado a mostrar una relación de 14,92 pesos por dólar, pero que para el 30 de octubre ascendía a 13,80. En segundo lugar, la percepción de una tendencia bajista genero una corrida para deshacerse de los dólares que habían sido comprados a precios altos, buscando lo que en el mercado se denomina una “toma de ganancias”. Nada que vaya a durar, advierto.

En lo sucesivo, el dólar seguirá comportándose de acuerdo a esas variables; si se relaja la política monetaria y vuelven a caer las reservas, pues volverá a subir. Y si se produce una racha de días de subida se activarán los mecanismos psicológicos que generan la corrida con profecía autocumplida.