martes, 21 de octubre de 2014

Incertidumbre por el precio del Crudo

Por Ariel Torres


Desde septiembre y sin solución de continuidad el precio internacional del petróleo ha estado en baja. Pero antes de pasar al análisis de esta columna, veamos una breve explicación acerca de los precios más utilizados hoy en día, que son el West Texas Intermediate (WTI) y Brent.

WTI: corresponde al precio del petróleo crudo extraído en el golfo de México y sirve como referencia para las transacciones en la bolsa mercantil de Nueva York o NYMEX por sus siglas en inglés. Este petróleo es del tipo “liviano” por su bajo contenido de azufre.

Brent: corresponde al precio del petróleo extraído en el Mar del Norte (Europa) y sirve como referencia para las transacciones en la bolsa de Londrés  o London Stock Exchange. También es un tipo de petróleo liviano, pero contiene más azufre que el WTI. 

En una estimación general la cotización WTI y Brent raramente coincidan. Esto se explica mayormente por el costo de procesamiento que requiere el crudo en cada región. En otras palabras, dado que  el WTI es un petróleo más liviano que el Brent, este requiere menor procesamiento, y por lo tanto, menor costo. Ahora bien, en esta ocasión, haremos foco en el WTI. 


Analizando el desempeño diario por semana, vemos cómo el precio ha estado deslizándose a la baja, alcanzando un mínimo de USD 80,7 por bbl el día jueves 16, es decir un 6% por debajo de la semana anterior, y 11% por debajo de la primera semana del mes de octubre. Si consideramos las variaciones diarias podemos ver que la caída que se dio entre el 13 y el 14 de octubre (en el primer gráfico corresponde al día hábil 10) es la mayor desde 2012.


El segundo gráfico muestra las variaciones diarias para el período 2012 hasta el último dato disponible en 2014. La línea roja corresponde al mínimo histórico hasta el momento (caída diaria de 4% entre los días 6 y 7 de noviembre de 2012).


 Menor demanda… Mayor oferta… veamos:

Una de las proyecciones más serias del sector es la que hace La Agencia Internacional de la Energía (EIA en inglés), estimando que el aumento de la oferta para todo el 2014 será de aproximadamente 1.6 millones de barriles por día, y de 0.9 millones barriles por día para 2015, con los principales jugadores del sector - Estados Unidos y Canadá- a la cabeza, mientras que el aumento proyectado para el consumo total en 2014 es de 1.0 millones de barriles por día, y de 1.2 millones de barriles por día para 2015.

Como vemos en el siguiente gráfico la producción y el consumo, proyectados, se comportarán de manera similar, explicando de alguna manera la tendencia del precio en el último mes.


Asimismo, notemos que en las variaciones año a año, ambos -consumo y producción- se desaceleran tanto para los datos históricos como para los proyectados.


No son menores los datos de la siguiente tabla, que muestra los precios de los contratos futuros para distintos meses, cálculo hecho al 17 de octubre:


Pareciera reflejarse la expectativa de que estos precios van a seguir presionados a la baja, como respuesta a lo publicado por el EIA.

viernes, 17 de octubre de 2014

Las fichas de Vaca Muerta no alcanzan

Por Ariel Torres



Que el petróleo es un recurso estratégico no cabe ninguna duda, pero definitivamente tenemos que tener en claro que no es el único, y apostar todas las fichas a que lo sea, es un error monumental. Allí está Venezuela como terrible ejemplo de ello.

Los recientes anuncios en el sentido de las reservas shale de Vaca Muerta lo convierten en el 5to yacimiento en importancia en el mundo, ha vuelto loco a más de un neófito en el tema, el 90% de ellos, políticos. Pero en este contexto de petróleo barato, cuya tendencia parece constante al menos hasta fin de año, retrasará sensiblemente cualquier inversión en nuestro yacimiento estrella.

Cuando suceden estos hechos de aparente volatilidad, los principales operadores reales, es decir, aquellos que operacionalmente analizan sus costos y proyecciones, desensillan hasta que aclare, primero, para inmediatamente después rehacer y recalcular todas las proyecciones futuras. Los ajustes de precios a la baja tienen impacto inmediato en todas las economías de escala dependiente del petróleo. Inmediato.

Además, y como si esto fuera poco, cobra vigencia  la teoría del pico de Hubbert, también conocida como cenit del petróleo, petróleo pico o agotamiento del petróleo. Es una influyente teoría acerca de la tasa de agotamiento a largo plazo del petróleo, así como de otros combustibles fósiles. Predice que la producción mundial de petróleo llegará a su cenit y después declinará tan rápido como creció, resaltando el hecho de que el factor limitador de la extracción de petróleo es la energía requerida y no su coste económico.


Aún siendo controvertida, esta teoría es ampliamente aceptada entre la comunidad científica y la industria petrolera. El debate no se centra en si existirá un pico del petróleo sino en cuándo ocurrirá, ya que es evidente que el petróleo es un recurso finito y no renovable en escalas cortas de tiempo por lo que en un momento u otro se llegará al límite de extracción. Esto depende de los posibles descubrimientos de nuevas reservas, el aumento de eficiencia de los yacimientos actuales, extracción profunda o la explotación de nuevas formas de petróleo no convencionales.

El presupuesto de varios de los principales exportadores de crudo del mundo está en jaque, hoy, producto de la fuerte caída del precio del petróleo. En Rusia, cuya economía ya sufre por las sanciones de Occidente, se esperan más recortes de gastos y en Irak temen por el presupuesto en seguridad, en un país asediado por la agrupación extremista Estado Islámico (EI). Desde Moscú hasta Caracas, desde Riad hasta Bagdad, en Teherán, Argel, la ciudad de Kuwait y Lagos, en Nigeria, los líderes políticos, ministros de economía y directores de los bancos centrales hacen denodados esfuerzos para hacer frente a la caída de precios, aproximadamente un 25% (una enormidad) desde el pico de junio.

El precio del barril de crudo Brent ayer era de 85 dólares, cuando en junio se vendía a 115.
La caída tiene varios factores, pero principalmente parece estar impulsada por la mayor producción de crudo en Estados Unidos y por las proyecciones de una sostenida reducción de la demanda en muchos países desarrollados, así como por la desaceleración del crecimiento en China. Digo parece, porque hay varias versiones que indican un lobby desde los Estados Árabes en detrimento de los yacimientos shale oil especialmente ricos en calidad de EEUU.
De todas maneras, una noticia que es mala para muchos, puede ser buena para otros, y en especial para Washington. Países como Rusia, Irán y Venezuela, que en los últimos años buscaron sojuzgar la influencia de Estados Unidos, ahora podrían tener que moderar su actitud, ya que enfrentan crecientes presiones financieras.
Si bien Rusia tiene reservas de billones de dólares como colchón, precisamente para enfrentar este tipo caída de precios, en Moscú ya hay signos de preocupación, ya que la administración centralista de los recursos está aún muy instalada allí. Ejemplos sobran: en una reunión realizada en esa ciudad esta semana con el consejo de derechos humanos del gobierno, el presidente Vladimir Putin rechazó de plano un pedido de mayor financiamiento de ese organismo y citó como argumento la caída de los ingresos por exportaciones de crudo.
El mismo Putin dijo: "como sabrán, el precio de la energía ha caído, así como el de otros de nuestros productos tradicionales”, para agregar que "debido a eso, deberemos reconsiderar el presupuesto para reducir algunos gastos". Fue un notable distanciamiento de la altanería con que Putin respondió a las sanciones de Occidente por lo ocurrido en Ucrania, a las que calificó como apenas una molestia.
En el mismo contexto, en los últimos días Venezuela, cuyas exportaciones dependen en un 95% de las ventas de crudo, convocó a una reunión de emergencia de la Organización de Países Exportadores de Petróleo para tratar el hundimiento de los precios, una convocatoria que otros miembros rechazaron a favor de la reunión ordinaria del organismo a realizarse el mes próximo. Venezuela hace rato que no impone nada ya en el mundo petrolero.

Es esperable un rebote de los precios, casi con seguridad, como respuesta a las fuerzas normales del mercado y a la fuerte y continua demanda, sobre todo de parte de los países desarrollados, pero difícilmente se recuperen los niveles de mediados de este año.
Ahora bien: parte del excedente de producción que también está empujando los precios hacia abajo es resultado de un aumento de la producción en Irak y Libia, países que atraviesan una situación de inestabilidad que en cualquier momento podría generar el cierre de los pozos, hecho que desencadenaría un aumento súbito del precio del barril. Pero en lo inmediato es muy probable que los grandes productores enfrenten crisis presupuestarias de diverso grado de severidad, con sus consecuentes ramificaciones económicas, estratégicas y políticas.
Lo grave a considerar es que varios de los países productores y exportadores dependen fuertemente del precio del petróleo para cubrir sus necesidades presupuestarias". Con un 20% de depresión de esos precios, en muchos de esos países, los números apenas cierran. Rusia e Irak enfrentan circunstancias particularmente difíciles, en parte debido a las tensiones geopolíticas generales de sus regiones. Rusia, ya aquejada por la inflación y la drástica caída del rublo, vio muy reducida su capacidad de endeudarse debido a las sanciones de Occidente. Irak está librando un conflicto militar costoso y de final particularmente abierto y sensible contra los extremistas de Estado Islámico.
Algunos analistas creen que en su reunión del próximo mes, la OPEP, liderada por Arabia Saudita, decidirá recortar la producción y estabilizar los precios. Aunque parece lógico, me permito disentir, puesto que Arabia Saudita tal vez permita que los bajos precios persistan, en parte para apretar a sus principales rivales -Irán y Rusia- y en parte para presionar a los productores de shale oil de Estados Unidos, como dije antes.
El liderazgo de Arabia Saudita en estos sensibles temas, está dado por sus relativamente bajos costos de producción, y su programa de gastos interno, que le permiten mantener equilibrado su presupuesto con un precio de aproximadamente 95 dólares por barril, frente a los 100 dólares por barril que necesita Rusia, o aún más, Irán. Los sauditas también cuentan con enormes reservas en efectivo que les permiten sostener su presupuesto.


La cuestión es hasta qué punto uno está dispuesto a comerse las reservas y hasta cuándo, hasta poder reducir la producción, es el interrogante hoy, cuya respuesta –les aseguro- nadie tiene.

miércoles, 8 de octubre de 2014

Cuando lo inadmisible se convierte en corriente

Por Ariel Torres


En otros contextos, o en este mismo pero en otros tiempos, que uno de los más altos cargos del Estado fuera acusado de apropiarse de la fábrica de papel moneda sólo podría haber causado pesar y sorpresa; que se sugiriera de un ex presidente que trasladaba bolsos con billetes debería haber resultado absurdo; que fortunas inmensas transferidas a los concesionarios de los ferrocarriles se hayan desvanecido en el aire debería haber sido incoherente. Sin embargo, aquí y ahora nada de todo eso resulta sorprendente: podría no ser verdadero, pero es verosímil: se non è vero, è ben trovato, se dice en Italia.
Las conductas concretas de los dirigentes de la sociedad argentina han corrido las fronteras de lo verosímil y han instalado –una vez más- en el territorio de lo que es posible hacer, prácticas que deberían ser completamente ajenas a lo imaginable. Cuando digo "una vez más" quiero significar lo obvio: las muchas veces que ha ocurrido; sin embargo, el kirchnerismo ha sido, para esto, extraordinariamente pródigo, y ha contribuido de manera sustancial al deterioro de una sociedad que no termina de encontrar el modo de construir un futuro común.

Si digo que ninguna especie animal ha desarrollado comportamientos sociales de la complejidad y extensión que distinguen a la nuestra, no descubro nada. Es por eso, quizás, que la biología y la cultura han contribuido realizando esfuerzos enormes que permitieron la selección de rasgos cooperativos, sin los cuales esa complejidad hubiera resultado imposible de alcanzar. Esa disposición para cooperar -que no es exclusiva de los humanos- vuelve distintiva a nuestra especie cuando se suma a otras dos habilidades: la comunicación y el aprendizaje social.

“La selección entre grupos humanos típicamente promueve el altruismo entre los miembros de la colonia. Los tramposos pueden ganar dentro del grupo, quedándose con una parte mayor de los recursos, o evitando tareas peligrosas o rompiendo las reglas; pero las colonias de tramposos pierden frente a las colonias de cooperadores" dice –y coincido- Edward O. Wilson, uno de los más reconocidos biólogos de la actualidad. Así como la psicología evolutiva y la biología de poblaciones han estudiado estas características desde la perspectiva de la evolución, también la sociología ha intentado comprender la razón por la cual nuestra especie produjo esa forma infinitamente elaborada de organización que llamamos civilización, y que tanto para su conformación como para su mantenimiento requiere inmensos esfuerzos individuales y colectivos.
En términos evolutivos, el objeto de ese esfuerzo consiste en asegurar el mayor éxito reproductivo posible para nuestra especie; en términos sociológicos, la función del proceso civilizatorio es fundamentalmente la de reducir la incertidumbre respecto del futuro.
Aunque la conducta de los genes, se es fundamentalmente egoísta, el comportamiento social es cooperativo, y ambos comparten un rasgo común: tanto las estrategias evolutivas como las civilizatorias están orientadas al futuro. Esperanzadamente, podría decirse que en el proceso de construcción de la civilización el lugar de la fuerza es ocupado por la palabra: expresada como argumento, como contrato o como ley, la palabra permite saber que los conflictos de valores, de ideas o de intereses no pondrán en cuestión la existencia misma del futuro, como sí lo hace la violencia que, ejercida sobre los cuerpos, cancela todo porvenir posible.

En su afán de brindar algunas certezas sobre las alternativas del porvenir, uno de los rasgos principales del esfuerzo civilizatorio,  consiste en el establecimiento de límites a las acciones del presente: reducir la incertidumbre y actuar en función de "un futuro mejor" exige definir qué conductas son posibles y cuáles no lo son. Pero lo posible, para serlo, debe ser antes verosímil, en el sentido de que debe parecer posible, debe poder ser imaginado antes de convertirse en realidad.
Esta sociedad nuestras ha expandido las fronteras de lo verosímil hasta volver habituales y casi naturales conductas, prácticas o situaciones que no deberían ser posibles, y que alguna vez no lo fueron. Basta pensar en los recolectores de cartón entre la basura en la ciudad de Buenos Aires: lo que fue una respuesta urgente y desesperada en el momento de la virtual desintegración del Estado y del colapso de la sociedad, se convirtió en algo cotidiano. Aquello que no podía ser pensado se vuelve verosímil; lo verosímil, posible, y lo posible, real. Y lo real, una vez normalizado, convertido en algo natural, adquiere la apariencia de ser justo o, cuando menos, de ser algo que es parte del orden de las cosas: formas inadmisibles de la miseria, pero también modos más vastos de la anomia o de la corrupción como los que son, hoy, frecuentes entre nosotros.
A medida que las evidencias se acumulan se modifica el grado de creencia en una hipótesis, así las conductas individuales y colectivas se van modificando de acuerdo con la espesura de aquello que es verosímil o que es inverosímil en cada momento. La conducta individual y colectiva no se rige solamente por lo que está prohibido, o lo que es ilegal, sino por lo que no puede ser pensado porque la cultura lo expulsó, aunque más no sea provisoriamente, del campo de lo posible.
De alguna manera, la restricción de las fronteras de lo verosímil es la condición de posibilidad del futuro; lo que orienta las decisiones del presente en función de incrementar la probabilidad de que el futuro sea algo mejor. Y, si bien no es fácil decidir qué significa "mejor", quizá sea posible acordar en que el futuro será mejor que el presente en la medida en que los problemas que debamos resolver entonces sean diferentes de los problemas que debemos resolver hoy y de los que debimos solucionar ayer.
Sin embargo, la Argentina parece decidida a confrontar siempre con problemas semejantes. Para muchos, esos ciclos de repetición y de fracaso son la reiteración de la condena que los envía a la miseria y al abandono. Para otros, son el fundamento del escepticismo respecto del destino común. Para casi todos son una franquicia para el ejercicio del cinismo, un cinismo que vuelve posible lo impensable, lógico lo absurdo, verosímil lo que nunca debería acontecer.

En los últimos días, hablar de la decadencia de nuestro país se ha vuelto un tema común. Todo aquello con lo que es posible cuantificarla lo confirma: desigualdad, pobreza, ingresos, educación. Las sociedades humanas, a diferencia de las colonias de insectos sociales, están compuestas por individuos cooperadores que no son solamente, como los insectos, extensiones robóticas de un mismo genoma. Las sociedades en las que predominan los tramposos, pierden ante las sociedades de los cooperadores. Cuán fuertemente organizada y regulada está una sociedad depende de la cantidad de cooperadores en oposición a la cantidad de tramposos.
Hasta tanto la clase dirigente no sea nuevamente virtuosa, hasta que no actúe en función del futuro común, la tendencia de fracaso no podrá revertirse. Y, para eso, es imprescindible restringir las fronteras de lo verosímil, hacer que determinadas conductas no sean posibles, que determinadas conductas no puedan siquiera ser imaginadas.
Volverlas, una vez más, inverosímiles.


El sentido de la medición del PBI

Por Ariel Torres


Todos en mi profesión saben que el PBI es la piedra angular de cómo se mide la economía, aunque paulatinamente somos más los que pensamos que cada vez tiene menos sentido. Es el número que los mercados esperan más que ningún otro, la medida decisiva del éxito de un país. Las reservas de divisas y los mercados de bonos dependen de él. Y muchos presidentes y primeros ministros también.

La razón por la que cada vez le encuentro menos sentido es porque no tiene en cuenta los cambios de población, que son los que en realidad explican si una economía crece o no. De hecho, lo que deberíamos mirar atentamente es el PBI per cápita, es decir, si las personas y no los países se están enriqueciendo o no. Cuando lo hacemos, gran parte de lo que creemos saber sobre la economía global resulta no ser tan cierto. Durante mucho tiempo, todos los países desarrollados han tenido una demografía similar y por eso no importaba mucho. El PBI nos decía cuáles rendían mejor o peor. Pero ahora las divergencias de la demografía son drásticas.

Ejemplos sobran: Japón, Alemania e Italia tienen poblaciones que se encogen. Las de Gran Bretaña, Francia y EEUU están creciendo. Cuanto más marcada sea esa diferencia, el PBI tendrá cada vez menos sentido y el PBI per cápita se convertirá en la medida más útil.

El Producto Bruto Interno como unidad de medida principal del éxito económico acaba de cumplir 80 años, y se creó a petición del presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt, que decidió en los años treinta que tenía que saber algo más sobre lo que ocurría en la economía para poder llegar a la raíz del problema. La medición pretende englobar toda la actividad en el interior de un país en un número concreto de la producción. Si bien ha recibido toda clase de críticas desde hace décadas (no mide las labores domésticas, por ejemplo), ha sido una medida bastante acertada del rendimiento. Si subía, nos hacíamos ricos. Si bajaba, nos empobrecíamos.

Pero a la medición en análisis le cuesta bastante seguir los cambios rápidos de los niveles de población por una razón muy sencilla: el PIB de una nación es la producción por persona multiplicada por el número de personas. Si la cantidad de cosas que cada trabajador produce cambia, el PIB también. Pero también lo hace con el número de habitantes. Si la población crece muy deprisa, también lo hará el PBI, aunque en realidad la gente se vuelva más pobre. Y lo mismo al revés: si la población desciende mucho, también lo hace el PBI, aunque las personas sean más ricas.



Si miramos atentamente el PBI per cápita (y el Banco Mundial ofrece los números pertinentes), gran parte de lo que creemos saber sobre la economía global resulta no ser cierto. Japón es el ejemplo más significativo, porque sus tendencias demográficas son de lo más dramáticas. Después de llegar a sus máximos hace siete años con 128 millones de personas, la población ahora está menguando y pronto se reducirá en un millón de personas al año, tendencialmente. Por eso es que si en vez de las cifras de crecimiento del PBI que normalmente se utilizan, miramos las del crecimiento del PBI per cápita, veremos que el rendimiento de Japón en los veinte años que siguieron a 1991 no fue el más flojo del G7. Y si le damos crédito a las cifras recopiladas y publicadas por el Banco Mundial, ese dudoso honor le correspondió a Italia: mientras que el crecimiento medio anual del PBI en Italia entre 1991 y 2010 fue del 0,6%, en Japón fue del 0,9%.

Fríamente, Japón suele considerarse como un caso perdido, económicamente hablando, y lo ha sido durante dos décadas, pero si miramos su PBI per cápita observamos que le ha ido bien, si tenemos en cuenta que es una economía madura, con una población en rápido envejecimiento. Italia, por el contrario, ha rendido mucho peor de lo que casi todos creíamos.

Otro ejemplo: el Reino Unido. Sus últimos datos del crecimiento han sorprendido por su solidez y este año tiene una de las economías en expansión más rápida del G-7. El mes pasado volvió por fin al nivel de producción de 2008, antes de la crisis. Pero también tiene una población en rápida expansión, debida principalmente a unos niveles muy altos de inmigración. En el reino residen 2,7 millones más de personas que hace seis años, por lo que su PBI per cápita sigue estando muy por debajo de 2008 y actualmente casi no crece. No le está yendo tan bien como sugieren las cifras oficiales. Hasta ahora la diferencia no importaba mucho. Casi todos los países tenían casi las mismas tendencias demográficas.
En los mercados emergentes, la población crece rápidamente mientras que en el mundo desarrollando los números lo hacen más despacio, aunque casi nunca caen. Por esa razón, el PBI oficial es una guía perfectamente buena de cómo les está yendo.

Sin embargo, los países toman caminos muy distintos de otros, aún con economías muy parecidas. Japón es el caso más extremo, con una población en rápido descenso y pronto le seguirá Alemania, Italia y España. Alemania ha funcionado muy bien últimamente pero su población ya ha llegado a sus máximos y al final de esta década entrará en un descenso pronunciado (habrá bajado a los 50 millones de personas en 2050, por debajo del Reino Unido). Es esperable observar que el PBI sufra, aunque los alemanes se estén enriqueciendo. Italia estará en el mismo barco, junto a España. China se les unirá pronto y también Rusia. Como Japón, el PBI en sí hará que su rendimiento parezca peor de lo que en realidad es. A otros países les debería ir mejor. El Reino Unido, como hemos visto, irá mejor dado su crecimiento demográfico. Y Francia también. E incluso EEUU también. El PBI oficial les favorece.

Y a los inversores les importa mucho, puesto que los mercados se fijan en un número muy importante que, al dejar de reflejar el estado real de la economía, ya no es preciso. A partir de ahora, lo más inteligente sería ignorar las cifras del PBI en las que se fija todo el mundo y centrarse en el PBI per cápita. Es mucho más probable que nos diga lo que pasa realmente.


Y ni hablar de la incidencia de la educación en ese PBI per cápita. Pero ese será otro análisis. Más jugoso.

viernes, 12 de septiembre de 2014

Un modelo desvencijado

Por Ariel Torres


Se dice por ahí que en la vejez se invierte el orden natural de las cosas, y mi analogía me permite jugar también con el andar de ciertos proyectos políticos. Tanto en uno como en otro caso, durante los inevitables epílogos, todo lo que debe bajar (colesterol, presión y déficit fiscal), sube, y todo lo que debe estar alto (calcio, empleo y consumo), baja. Lo que debe mantenerse pequeño se agranda (próstata, inflación y recesión), y todo lo grande tiende a achicarse (músculos, estatura y reservas). Lo blando y flexible se endurece (arterias, articulaciones e ideología) y todo lo que debe ser duro se afloja (huesos, dientes y ética). Esta visión geriátrica, poco ortodoxa y divertida de la política resulta acertada, puesto que la única duda que cruza hoy el escenario nacional es si el kirchnerismo, antes de reencarnarse en futuras vidas, tendrá una vejez digna o una decrepitud penosa.
Las señales de estos últimos días –con cifras, hechos, gestos, gritos y susurros- abonan la impresión de que el desmoronamiento político se acentúa y que la crisis económica va barranca abajo. Ya es un hecho que los alimentos han subido un 20%, que las naftas han trepado hasta un 44%, que las facturas de gas vienen con incrementos promedio de 300%, que el intercambio comercial con Brasil ha caído un 22%, que la producción de autos se desplomó 34% sólo en el mes de agosto, que la inflación anual rondará el 40%, que cierran empresas y comercios, y que la demanda de dólares marca nuevos récords. La mismísima CFK abonó una cierta aunque inútil sensación dramática al anticipar insólitamente posibles saqueos y revueltas de fin de año. Mi sensación es que intenta meter en líos a los líderes sindicales desobedientes y de paso curarse en salud, pero lo que termina revelando sin proponérselo es un secreto a voces en los pasillos de Balcarce 50: un temor creciente a que esta decadencia no asumida produzca una combustión social.
Como bien viene diciendo el arriesgado periodista Jorge Fernández Díaz domingo a domingo, hay algunas reflexiones que ya suenan fuerte hasta en el seno mismo del modelo cristinista. Un fanático de la Argentina y de Buenos Aires, como es Joaquín Sabina, que incluso ha simpatizado con algunas políticas de Néstor Kirchner, se animó a trazar por estos días un diagnóstico desde el más básico sentido común: "Me alarma la inflación desmesurada y el grado de violencia que hay otra vez en las calles, y en las villas. Y el problema con los fondos buitre. Particularmente en ese caso, estoy bastante de acuerdo con el Gobierno, pero me parece que carecen de diplomacia. Falta sutileza para tratar el tema. Y pasa lo que siempre pasa con los gobiernos peronistas. Que han dividido mucho. Es una pena muy grande que eso suceda".
Casi en el mismo sentido, el filósofo José Pablo Feinmann, intelectual que acompañó los procesos impulsados por la gestión del Frente para la Victoria, se atrevió a decir que le disgustan muchas cosas que pasan en la Argentina, y lo cito: "creo que Boudou no tiene condiciones para vicepresidente, ni las tuvo nunca. Y el kirchnerismo eligió muy mal; es muy joven, muy jodón, viene de la Ucedé, le gustan las motocicletas y las minas. Es necesario que salga a aclarar su situación rápido, frente a la sociedad, claramente y sin demoras".

Otro insospechable colega, ideólogo de un modelo que nunca llegó a practicarse con eficiencia, y hablo de Aldo Ferrer, hizo una valoración crítica del momento: “la falta de dólares y el deterioro de la situación fiscal han generado un cuadro de expectativas negativas que estimuló la inflación y la fuga de capitales", se lamentó. También lo deslizó Héctor Méndez, representante del sector económico que los kirchneristas reivindican y que supuestamente han venido a fortalecer, suspendiendo los festejos del Día de la Industria, y manifestando la enorme tristeza que impera entre sus colegas por la crisis, al tiempo de arremeter contra la tropa legislativa del oficialismo, que con "obediencia debida" anda votando para meterle mano a las empresas con la ley de abastecimiento.
Al ritmo de Kicillof, el Gobierno parece por primera vez sordo a sus propias voces, vetusto, pasado de moda, sin ocurrencias ni aliento, soterradamente desmoralizado. El truco barato de los buitres como culpables de todos los males fue un respirador artificial para un enfermo que ya boqueaba. Pero esas terapias extremas no sirven más que como paliativos; de ninguna manera constituyen una solución de largo plazo.
Causa vergüenza ajena, y propia, ver a dos jueces federales (Servini de Cubría y Oyarbide), cada uno por causas y con intenciones distintas, subir voluntaria o involuntariamente a la agenda los vínculos del kirchnerismo con la mafia de los medicamentos, el tráfico de efedrina y el mundo los narcos internacionales, asunto de una inusitada gravedad institucional, que en esta sociedad embarrada y cobarde todavía no produce asombro ni escalofríos.
En medio de todo, en el patio de su planeta feliz, el jefe de Gabinete arroja cada mañana una frase para la antología del dislate: este martes decretó que se había erradicado la pobreza dura. El vicepresidente de la Nación, como ya se vio, es aquel tío travieso y pecador que hace muecas en la punta de la mesa. El secretario de Seguridad es el impostor engominado que llega a la fiesta familiar disfrazado de vigilante, y que se excusa diciendo cumplir órdenes de la jefa del clan, una dama llena de principios rígidos, que se vuelven convenientemente laxos y gomosos al compás de las encuestas. Los chicos camporistas corren por el Estado como niños tiranos, comprando juguetes y apoderándose de cajas contra reloj, mientras los honestos funcionarios de carrera de la administración pública sufren en silencio. El equipo kirchnerista parece ese personaje gagá que hace papelones obscenos en los bautismos.
Acaso el gran yerro por estos días haya sido anunciar el repliegue de 5000 efectivos de la Policía Federal que custodian varios barrios de la ciudad de Buenos Aires. Ignoro el sentido político real que podía tener una medida tan extemporánea, si no es perjudicar a Macri, castigando así a un distrito que se mantiene adverso a los efluvios del kirchnerismo. Resulta difícil tratar de imaginar quien le acercó esta peregrina idea a la presidenta, pero todo apunta a su caballero del helicóptero, esta especie de Kicillof de la calle, aunque seguramente también de debe haber explicado que si persiste con esta ocurrencia los primeros cadáveres ensangrentados de la inseguridad porteña caerán impiadosamente en el living del despacho presidencial.
Se puede estar de acuerdo o en desacuerdo con el Gobierno, pero hay un punto innegable: antes no cometía tan gruesos errores de cálculo. El sistema de toma de decisiones es hoy impulsivo y tambaleante, y parafraseando al gran Cerati, ha entrado "en un lento degradé". Es sabido que a los estadistas el poder los envejece a una velocidad de miedo; también que les cuesta aceptar su propia declinación: al principio gobiernan con los mejores, luego con los amigos y al final con los que quedan. Parecen esos veteranos jugadores a quienes sólo los retiran las lesiones a repetición, o esos hombres mayores que no aceptan su edad y caen en los ridículos del viejazo.
El hecho de carecer de una heredad electoral aumenta ese anquilosamiento: para un proyecto agotado y sin más salida que una retirada, ejercer el poder es lo mismo que jugar al vóley y pretender pegar por sobre el bloqueo pesando 110 kilos. Cambiar el destino de una decrepitud triste mutándola en una vejez elegante parece ser el último gran desafío de CFK.

Y por el bien de todo y todos, ojalá tenga agallas para hacerlo. 
Fuentes: Jorge Fernandez Díaz y La Nación

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Datos propios que deberían preocupar al Gobierno

Por Ariel Torres



Aunque nada se diga sobre cómo solucionarlo, sin dudas el tema económico que acapara toda la atención es el default (aunque lamentablemente poco se hable de cómo salir de él). Sin embargo, hace ya algunas semanas habíamos dicho que había problemas serios en la economía real y que por tanto el árbol no debía taparnos el bosque.

Ahora una de las señales amarillas acerca de las cuales veníamos alertando empezó a tirar a rojo. El mes pasado, el INDEC publicó la caída en la tasa de empleo más fuerte de la última década, probablemente incluso algo más.

Aclaro, por las dudas. Los datos son del INDEC, sí, pero no estoy siendo inconsistente. Como expliqué en su momento, se supone que siempre el INDEC miente para mejor, entonces puede considerarse como un "best case scenario". Entonces, si el punto del post es válido para el mejor de los casos, necesariamente va a ser válido para todo el resto.

Además, no quiero meterme en detalles sobre la veracidad, ya que hay mucho que decir al respecto. Por ejemplo, la tasa de actividad, mediante la cual se construye la desocupación, está mostrando un comportamiento extraño. Esto se está dando al mismo tiempo que, por ejemplo, según el INDEC Chaco está en pleno empleo.

Con lo cual, si uno moviera la tasa de actividad con estos niveles de empleo, podría llegar a tasas de desocupación de hasta dos dígitos.

La razón por la que este gráfico debería asustar al Gobierno es simple: porque basó todo el programa de sus once años en sostener el empleo mediante el empuje a la demanda. Sin embargo, y como ya lo vengo sosteniendo, hace ya un par de años que el empleo en la Argentina está cayendo. En principio, según la lógica del Gobierno, la población podría superar todos los males de su administración (inestabilidad, inflación, falta de crédito, corrupción, etc) en la medida en que conservara su empleo, dado que esto garantizaría un cierto piso alto para la paz social.

Pero ya llevamos dos años de destrucción del empleo, y el Gobierno pierde el que quizás ha sido su pilar más fuerte que le garantizaba la estabilidad política y económica. Aquí no hay buitre que muerda, los responsables se encuentran entre quienes llevan adelante la política  económica.


Los manifiestos de empleo y los libros de economía hoy están más vigentes que nunca.

lunes, 11 de agosto de 2014

Buitres, afuera y adentro

Por Ariel Torres



Por supuesto que no voy a descubrir nada si digo que los fondos buitres están de moda. Es el tema principal de numerosos medios de comunicación de América Latina y del mundo occidental, sobre todo. Comenzando, claro está, con nuestra presidenta, CFK, que no habla sino de la perversidad de ellos. Desde ambientes académicos, políticos y diplomáticos se reclaman regulaciones más exigentes de los mercados financieros en relación con los fondos buitres, a fin de que no pongan en riesgo los acuerdos de refinanciamiento de deuda pública y no precipiten la cesación de pagos o default de las obligaciones externas de variados estados soberanos.

Los bien llamados Holdouts se dedican a especular y litigar con los títulos de deuda pública de los países en serios aprietos económicos, y hoy son vistos como una calamidad internacional. De eso no hay duda y soy un defensor de la idea de que no deberían existir, al menos sin una regulación menos laxa. Pero de lo que también quiero hablar, porque toda historia tiene dos caras, es de ese otro tipo de buitre, no ya específicamente financiero o bursátil sino de carácter estatal: los gobiernos buitres, o aquellos que se dedican a depredar los recursos públicos y privados de sus países, y muchas veces en nombre de la justicia o la igualdad o la soberanía.
Así como los fondos buitres nos han caído encima, no es muy diferente al aterrizaje de nuestros propios gobiernos, el de los Kirchner, entre otros. En todas las redacciones de los servicios de noticias –especialmente los americanos- es un hecho notorio, público y comunicacional el enriquecimiento de la camarilla que gobierna a este gran país nuestro. En la Casa Rosada funciona un gobierno buitre, aunque una parte importante de los argentinos no lo vea así o no le importe.
En mis últimos dos años estuve prestando servicio a una gran empresa venezolana, Pdvsa, asentado en ese país, al que quiero mucho en verdad. ¿Y qué decir, entonces, de Venezuela? Es un hecho que ese bendito país, también, ha venido padeciendo un régimen buitre que, en tres lustros, ha recibido y despachado el equivalente de mil quinientos millardos de dólares en ingresos públicos, sin que esos caudales se hayan transformado en desarrollo sustentable y, por el contrario, más bien se hallan en gran medida despilfarrado en demagogias delirantes y en latrocinios siderales. Los números asustan: una estafa cambiaria de 25 mil millones de dólares en un solo año fiscal, el 2012, tal y como lo denunció la entonces presidenta del Banco Central de Venezuela, puede llegar a ser el hecho de corrupción de mayores dimensiones en la historia de la corrupción del planeta.
Me detengo en el caso venezolano un momento, porque lo conozco en profundidad, y la referida estafa cambiaria del 2012 es una mera pieza en el aparatoso engranaje de la depredación roja. Ellos han tenido 15 años de depredación sostenida sólo por pequeños y puntuales logros, insignificantes cuando se analizan los guarismos de desarrollo. Casi como nuestros últimos 12 años. El gobierno argentino tomó dinero ajeno, lo despilfarró y se lo robó. A la hora de pagar no había como, el país entró en quiebra, los acreedores -en su mayoría- prefirieron salvar algo antes que perderlo todo y aceptaron recibir menos de lo que se les debía. Una pequeña porción de esos acreedores no aceptó, prefirió usar los medios institucionales, la justicia, y demandó en tribunales, litigaron por diez años y ganaron. Sin embargo, nos negamos a pagar, no acatamos la sentencia, diciendo que es "extorsión".

Si esto no configura la condición de gobierno buitre, nada lo podría hacer. Por lo tanto, cuando se denuncie o se reclame el proceder de los fondos buitres, no se debe ignorar el reclamo o la denuncia de los gobiernos buitres. Se parecen mucho en la teoría y en la práctica.
Y hacen mucho daño, mientras sus detentadores se hacen billonarios. Porque si bien los fondos operan, al fin y al cabo, dentro de un entramado legal de carácter global que no pueden manejar a su antojo, los gobiernos buitres se proclaman soberanos para hacer y deshacer al interior de sus respectivos territorios. Y mientras los primeros son justamente condenados, los segundos se las arreglan para ser injustamente defendidos.

Si se salen con la suya, los gobiernos buitres corroen el potencial de los países que dominan. Porque después de todo, los buitres viven de la carroña.