viernes, 12 de septiembre de 2014

Un modelo desvencijado

Por Ariel Torres


Se dice por ahí que en la vejez se invierte el orden natural de las cosas, y mi analogía me permite jugar también con el andar de ciertos proyectos políticos. Tanto en uno como en otro caso, durante los inevitables epílogos, todo lo que debe bajar (colesterol, presión y déficit fiscal), sube, y todo lo que debe estar alto (calcio, empleo y consumo), baja. Lo que debe mantenerse pequeño se agranda (próstata, inflación y recesión), y todo lo grande tiende a achicarse (músculos, estatura y reservas). Lo blando y flexible se endurece (arterias, articulaciones e ideología) y todo lo que debe ser duro se afloja (huesos, dientes y ética). Esta visión geriátrica, poco ortodoxa y divertida de la política resulta acertada, puesto que la única duda que cruza hoy el escenario nacional es si el kirchnerismo, antes de reencarnarse en futuras vidas, tendrá una vejez digna o una decrepitud penosa.
Las señales de estos últimos días –con cifras, hechos, gestos, gritos y susurros- abonan la impresión de que el desmoronamiento político se acentúa y que la crisis económica va barranca abajo. Ya es un hecho que los alimentos han subido un 20%, que las naftas han trepado hasta un 44%, que las facturas de gas vienen con incrementos promedio de 300%, que el intercambio comercial con Brasil ha caído un 22%, que la producción de autos se desplomó 34% sólo en el mes de agosto, que la inflación anual rondará el 40%, que cierran empresas y comercios, y que la demanda de dólares marca nuevos récords. La mismísima CFK abonó una cierta aunque inútil sensación dramática al anticipar insólitamente posibles saqueos y revueltas de fin de año. Mi sensación es que intenta meter en líos a los líderes sindicales desobedientes y de paso curarse en salud, pero lo que termina revelando sin proponérselo es un secreto a voces en los pasillos de Balcarce 50: un temor creciente a que esta decadencia no asumida produzca una combustión social.
Como bien viene diciendo el arriesgado periodista Jorge Fernández Díaz domingo a domingo, hay algunas reflexiones que ya suenan fuerte hasta en el seno mismo del modelo cristinista. Un fanático de la Argentina y de Buenos Aires, como es Joaquín Sabina, que incluso ha simpatizado con algunas políticas de Néstor Kirchner, se animó a trazar por estos días un diagnóstico desde el más básico sentido común: "Me alarma la inflación desmesurada y el grado de violencia que hay otra vez en las calles, y en las villas. Y el problema con los fondos buitre. Particularmente en ese caso, estoy bastante de acuerdo con el Gobierno, pero me parece que carecen de diplomacia. Falta sutileza para tratar el tema. Y pasa lo que siempre pasa con los gobiernos peronistas. Que han dividido mucho. Es una pena muy grande que eso suceda".
Casi en el mismo sentido, el filósofo José Pablo Feinmann, intelectual que acompañó los procesos impulsados por la gestión del Frente para la Victoria, se atrevió a decir que le disgustan muchas cosas que pasan en la Argentina, y lo cito: "creo que Boudou no tiene condiciones para vicepresidente, ni las tuvo nunca. Y el kirchnerismo eligió muy mal; es muy joven, muy jodón, viene de la Ucedé, le gustan las motocicletas y las minas. Es necesario que salga a aclarar su situación rápido, frente a la sociedad, claramente y sin demoras".

Otro insospechable colega, ideólogo de un modelo que nunca llegó a practicarse con eficiencia, y hablo de Aldo Ferrer, hizo una valoración crítica del momento: “la falta de dólares y el deterioro de la situación fiscal han generado un cuadro de expectativas negativas que estimuló la inflación y la fuga de capitales", se lamentó. También lo deslizó Héctor Méndez, representante del sector económico que los kirchneristas reivindican y que supuestamente han venido a fortalecer, suspendiendo los festejos del Día de la Industria, y manifestando la enorme tristeza que impera entre sus colegas por la crisis, al tiempo de arremeter contra la tropa legislativa del oficialismo, que con "obediencia debida" anda votando para meterle mano a las empresas con la ley de abastecimiento.
Al ritmo de Kicillof, el Gobierno parece por primera vez sordo a sus propias voces, vetusto, pasado de moda, sin ocurrencias ni aliento, soterradamente desmoralizado. El truco barato de los buitres como culpables de todos los males fue un respirador artificial para un enfermo que ya boqueaba. Pero esas terapias extremas no sirven más que como paliativos; de ninguna manera constituyen una solución de largo plazo.
Causa vergüenza ajena, y propia, ver a dos jueces federales (Servini de Cubría y Oyarbide), cada uno por causas y con intenciones distintas, subir voluntaria o involuntariamente a la agenda los vínculos del kirchnerismo con la mafia de los medicamentos, el tráfico de efedrina y el mundo los narcos internacionales, asunto de una inusitada gravedad institucional, que en esta sociedad embarrada y cobarde todavía no produce asombro ni escalofríos.
En medio de todo, en el patio de su planeta feliz, el jefe de Gabinete arroja cada mañana una frase para la antología del dislate: este martes decretó que se había erradicado la pobreza dura. El vicepresidente de la Nación, como ya se vio, es aquel tío travieso y pecador que hace muecas en la punta de la mesa. El secretario de Seguridad es el impostor engominado que llega a la fiesta familiar disfrazado de vigilante, y que se excusa diciendo cumplir órdenes de la jefa del clan, una dama llena de principios rígidos, que se vuelven convenientemente laxos y gomosos al compás de las encuestas. Los chicos camporistas corren por el Estado como niños tiranos, comprando juguetes y apoderándose de cajas contra reloj, mientras los honestos funcionarios de carrera de la administración pública sufren en silencio. El equipo kirchnerista parece ese personaje gagá que hace papelones obscenos en los bautismos.
Acaso el gran yerro por estos días haya sido anunciar el repliegue de 5000 efectivos de la Policía Federal que custodian varios barrios de la ciudad de Buenos Aires. Ignoro el sentido político real que podía tener una medida tan extemporánea, si no es perjudicar a Macri, castigando así a un distrito que se mantiene adverso a los efluvios del kirchnerismo. Resulta difícil tratar de imaginar quien le acercó esta peregrina idea a la presidenta, pero todo apunta a su caballero del helicóptero, esta especie de Kicillof de la calle, aunque seguramente también de debe haber explicado que si persiste con esta ocurrencia los primeros cadáveres ensangrentados de la inseguridad porteña caerán impiadosamente en el living del despacho presidencial.
Se puede estar de acuerdo o en desacuerdo con el Gobierno, pero hay un punto innegable: antes no cometía tan gruesos errores de cálculo. El sistema de toma de decisiones es hoy impulsivo y tambaleante, y parafraseando al gran Cerati, ha entrado "en un lento degradé". Es sabido que a los estadistas el poder los envejece a una velocidad de miedo; también que les cuesta aceptar su propia declinación: al principio gobiernan con los mejores, luego con los amigos y al final con los que quedan. Parecen esos veteranos jugadores a quienes sólo los retiran las lesiones a repetición, o esos hombres mayores que no aceptan su edad y caen en los ridículos del viejazo.
El hecho de carecer de una heredad electoral aumenta ese anquilosamiento: para un proyecto agotado y sin más salida que una retirada, ejercer el poder es lo mismo que jugar al vóley y pretender pegar por sobre el bloqueo pesando 110 kilos. Cambiar el destino de una decrepitud triste mutándola en una vejez elegante parece ser el último gran desafío de CFK.

Y por el bien de todo y todos, ojalá tenga agallas para hacerlo. 
Fuentes: Jorge Fernandez Díaz y La Nación

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Datos propios que deberían preocupar al Gobierno

Por Ariel Torres



Aunque nada se diga sobre cómo solucionarlo, sin dudas el tema económico que acapara toda la atención es el default (aunque lamentablemente poco se hable de cómo salir de él). Sin embargo, hace ya algunas semanas habíamos dicho que había problemas serios en la economía real y que por tanto el árbol no debía taparnos el bosque.

Ahora una de las señales amarillas acerca de las cuales veníamos alertando empezó a tirar a rojo. El mes pasado, el INDEC publicó la caída en la tasa de empleo más fuerte de la última década, probablemente incluso algo más.

Aclaro, por las dudas. Los datos son del INDEC, sí, pero no estoy siendo inconsistente. Como expliqué en su momento, se supone que siempre el INDEC miente para mejor, entonces puede considerarse como un "best case scenario". Entonces, si el punto del post es válido para el mejor de los casos, necesariamente va a ser válido para todo el resto.

Además, no quiero meterme en detalles sobre la veracidad, ya que hay mucho que decir al respecto. Por ejemplo, la tasa de actividad, mediante la cual se construye la desocupación, está mostrando un comportamiento extraño. Esto se está dando al mismo tiempo que, por ejemplo, según el INDEC Chaco está en pleno empleo.

Con lo cual, si uno moviera la tasa de actividad con estos niveles de empleo, podría llegar a tasas de desocupación de hasta dos dígitos.

La razón por la que este gráfico debería asustar al Gobierno es simple: porque basó todo el programa de sus once años en sostener el empleo mediante el empuje a la demanda. Sin embargo, y como ya lo vengo sosteniendo, hace ya un par de años que el empleo en la Argentina está cayendo. En principio, según la lógica del Gobierno, la población podría superar todos los males de su administración (inestabilidad, inflación, falta de crédito, corrupción, etc) en la medida en que conservara su empleo, dado que esto garantizaría un cierto piso alto para la paz social.

Pero ya llevamos dos años de destrucción del empleo, y el Gobierno pierde el que quizás ha sido su pilar más fuerte que le garantizaba la estabilidad política y económica. Aquí no hay buitre que muerda, los responsables se encuentran entre quienes llevan adelante la política  económica.


Los manifiestos de empleo y los libros de economía hoy están más vigentes que nunca.

lunes, 11 de agosto de 2014

Buitres, afuera y adentro

Por Ariel Torres



Por supuesto que no voy a descubrir nada si digo que los fondos buitres están de moda. Es el tema principal de numerosos medios de comunicación de América Latina y del mundo occidental, sobre todo. Comenzando, claro está, con nuestra presidenta, CFK, que no habla sino de la perversidad de ellos. Desde ambientes académicos, políticos y diplomáticos se reclaman regulaciones más exigentes de los mercados financieros en relación con los fondos buitres, a fin de que no pongan en riesgo los acuerdos de refinanciamiento de deuda pública y no precipiten la cesación de pagos o default de las obligaciones externas de variados estados soberanos.

Los bien llamados Holdouts se dedican a especular y litigar con los títulos de deuda pública de los países en serios aprietos económicos, y hoy son vistos como una calamidad internacional. De eso no hay duda y soy un defensor de la idea de que no deberían existir, al menos sin una regulación menos laxa. Pero de lo que también quiero hablar, porque toda historia tiene dos caras, es de ese otro tipo de buitre, no ya específicamente financiero o bursátil sino de carácter estatal: los gobiernos buitres, o aquellos que se dedican a depredar los recursos públicos y privados de sus países, y muchas veces en nombre de la justicia o la igualdad o la soberanía.
Así como los fondos buitres nos han caído encima, no es muy diferente al aterrizaje de nuestros propios gobiernos, el de los Kirchner, entre otros. En todas las redacciones de los servicios de noticias –especialmente los americanos- es un hecho notorio, público y comunicacional el enriquecimiento de la camarilla que gobierna a este gran país nuestro. En la Casa Rosada funciona un gobierno buitre, aunque una parte importante de los argentinos no lo vea así o no le importe.
En mis últimos dos años estuve prestando servicio a una gran empresa venezolana, Pdvsa, asentado en ese país, al que quiero mucho en verdad. ¿Y qué decir, entonces, de Venezuela? Es un hecho que ese bendito país, también, ha venido padeciendo un régimen buitre que, en tres lustros, ha recibido y despachado el equivalente de mil quinientos millardos de dólares en ingresos públicos, sin que esos caudales se hayan transformado en desarrollo sustentable y, por el contrario, más bien se hallan en gran medida despilfarrado en demagogias delirantes y en latrocinios siderales. Los números asustan: una estafa cambiaria de 25 mil millones de dólares en un solo año fiscal, el 2012, tal y como lo denunció la entonces presidenta del Banco Central de Venezuela, puede llegar a ser el hecho de corrupción de mayores dimensiones en la historia de la corrupción del planeta.
Me detengo en el caso venezolano un momento, porque lo conozco en profundidad, y la referida estafa cambiaria del 2012 es una mera pieza en el aparatoso engranaje de la depredación roja. Ellos han tenido 15 años de depredación sostenida sólo por pequeños y puntuales logros, insignificantes cuando se analizan los guarismos de desarrollo. Casi como nuestros últimos 12 años. El gobierno argentino tomó dinero ajeno, lo despilfarró y se lo robó. A la hora de pagar no había como, el país entró en quiebra, los acreedores -en su mayoría- prefirieron salvar algo antes que perderlo todo y aceptaron recibir menos de lo que se les debía. Una pequeña porción de esos acreedores no aceptó, prefirió usar los medios institucionales, la justicia, y demandó en tribunales, litigaron por diez años y ganaron. Sin embargo, nos negamos a pagar, no acatamos la sentencia, diciendo que es "extorsión".

Si esto no configura la condición de gobierno buitre, nada lo podría hacer. Por lo tanto, cuando se denuncie o se reclame el proceder de los fondos buitres, no se debe ignorar el reclamo o la denuncia de los gobiernos buitres. Se parecen mucho en la teoría y en la práctica.
Y hacen mucho daño, mientras sus detentadores se hacen billonarios. Porque si bien los fondos operan, al fin y al cabo, dentro de un entramado legal de carácter global que no pueden manejar a su antojo, los gobiernos buitres se proclaman soberanos para hacer y deshacer al interior de sus respectivos territorios. Y mientras los primeros son justamente condenados, los segundos se las arreglan para ser injustamente defendidos.

Si se salen con la suya, los gobiernos buitres corroen el potencial de los países que dominan. Porque después de todo, los buitres viven de la carroña. 

domingo, 3 de agosto de 2014

Un default ideológico

Por Ariel Torres


La observación primaria de los hechos devenidos de las decisiones de los políticos, fundamentalmente argentinos, me ha convencido de que el comportamiento humano no puede explicarse primariamente por la determinación social o discusión racional, sino más bien descansa en algún impulso innato, presocial, en los individuos. Por eso es que los ideólogos, cuando entran en dificultades, persiguen siempre a la gente para que acepte soluciones a problemas creados generalmente por ellos, por medios que tratan de imponer arbitrariamente.

Y allí se centra, explícita, la debilidad esencial de la ideología al final del camino, porque como ha demostrado la evidencia histórica, la coerción hacia la libertad raramente conduce a la libertad, ya que está probado que el hombre, por su naturaleza esencial, perseguirá eternamente su propia “aventura cultural”.

Aquellos que tratan de imponer ideas supuestamente correctas -con exclusión de cualesquier otra-, niegan los derechos de aquellos que no comparten su peculiar criterio de unanimidad y no aceptan ni comprenden al mismo tiempo, que una verdad pierde validez cuando se promueve el silencio de quienes tengan algo que decir al respecto.

Es tan extremo en su contexto, que por obra de la ideología se llega al punto de pretender que las libertades por las que los hombres de fines del siglo XVIII y los del XIX se esforzaron y lucharon, se conviertan en fantasmas sin contenido, defraudando cualquier esperanza cifrada en aquellas.

El preámbulo no es caprichoso, y viene a cuento en referencia a la conferencia de prensa de Axel Kicillof, celebrada en el consulado argentino de New York en estos días pasados, anunciando el fracaso de las negociaciones de la deuda argentina con los holdouts. Analizándola con lupa, es una pieza retórica que calza perfectamente dentro de los estrechos márgenes psicológicos de un ideólogo a ultranza, que no acepta la razón de ser de nada que no coincida con, en este caso, su “relato”.

A mi modo de ver, CFK y su imberbe envalentonado ministro, han conformado un tándem diabólico y no pasa día en el que no estén reunidos “relojeando la realidad”, para ver de qué manera podrán estrechar el cepo cultural con el que pretenden vendernos su visión deformada de la misma. Mientras tanto, mienten con una desfachatez que asombra, dando vuelta cualquier argumento “por zurda”, es decir, por el lado más desprotegido y difícil de contradecir de inmediato.

En ocasiones, observando sus desmanejos, me encuentro sacudiendo la cabeza varias veces a fin de percatarme si lo que dicen/hacen es una fantasía o no, pero es tal la habilidad que han desarrollado durante estos años, que se han puesto duchos en “ramificar” sus conclusiones esotéricas haciéndolas aparecer durante algunas horas como razonables. Solo después de transcurrido algún tiempo, las evidencias de la realidad dan por tierra con el fanatismo en el que pretenden envolvernos.

La habilidad para arrastrar al rebaño es ostentosa. Basta mirar las redes sociales de sus descerebrados y adocenados seguidores, unos instantes después de haberse lanzado una nueva consigna, batiendo el parche para amplificar el discurso/verso del momento. Así estamos.

Pero por desgracia para el kirchnerismo, por más furiosos que se pongan, la realidad les ha puesto una pared por delante. A nosotros solo nos queda contar –como los presos en sus celdas-, los días que nos faltan para liberarnos de la tortura de su presencia y no volver a verlos nunca más en la cercanía de cualquier gobierno del futuro.

Mientras tanto, me late el dudoso honor de adelantarle a CFK la definición que hace varios días nos está desafiando a encontrar para la situación que se ha presentado: es, esencialmente, un default “ideológico”.


Digo.

jueves, 24 de julio de 2014

Vaca Muerta y Holdouts





Comparto la nota que me hicieron la mañana del 24/07/2014 los chicos de "El Semáforo", de AM 1350 Radio Buenos Aires.

miércoles, 23 de julio de 2014

Vaca Muerta y el futuro del debate por la energía

Por Ariel Torres


Hace pocos días el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, habló maravillas sobre la actual gestión de YPF sobre el yacimiento no convencional (shale oil, tight gas) Vaca Muerta. Ni Scioli es un experto en el tema, ni la mencionada gestión se acerca siquiera a un esbozo de éxito. Pero lo más relevante es el hecho de que los equipos de campaña de los principales candidatos no hablan del tema, ni sugieren siquiera algún compromiso operativo para la llamada “joya de la corona”. Aunque el entusiasmo entre los políticos del oficialismo y de la oposición en este aspecto es creciente, dado que el titular de YPF, Miguel Galuccio les habló maravillas del potencial de la cuenca neuquina para cerrar en un mediano plazo el déficit energético de la Argentina, que drena las reservas, lo cierto es que la capacidad profesional para hacer frente a tamaño desafío, hoy está ausente.

La expectativa parece redoblarse en estos tiempos, después de haberse conocido un informe  muy comentado de Accenture sobre las posibilidades de desarrollo en todo el mundo de recursos no convencionales, que colocó a la Argentina en un lugar privilegiado, apenas por debajo de los Estados Unidos, el país donde el boom del shale gas revolucionó su mapa energético en los últimos años. El trabajo de Accenture no sólo tiene en cuenta la disponibilidad de recursos, sino también otras variables como fuerza de trabajo capacitada, los riesgos de contaminación de agua, el marco legal, y otras variables. El informe contrasta a Vaca Muerta, con la cuenca de Sichuan, en China, que también aparece con un potencial gigantesco, pero al tratarse de una zona muy densamente poblada surgen dudas con respecto a sus posibilidades de explotación, por el peligro de contaminación del agua.

Aquí hago un paréntesis porque, leyendo el informe de la consultora –que está lejos de ser un referente en Energía- en ningún momento  niega la posibilidad de que efectivamente haya contaminación hídrica, muy por el contrario, enfatiza el hecho de que en Neuquén “el efecto sería mínimo por la poca densidad poblacional”. "Con la producción de combustibles en baja y la importación en alza en la última década, el gobierno argentino parece decidido a promover el desarrollo de los recursos no convencionales", dicen los especialistas de la consultora en el informe, aunque señalan que el actual contexto general del país para las inversiones extranjeras es "desafiante".

El reporte evalúa los principales yacimientos del mundo, ubicados en Estados Unidos, la Argentina, China, Australia, Rusia y Polonia, entre otros países. Por este lado del mundo, la decisión de jugarse en materia energética el todo por el todo a Vaca Muerta es una medida altamente cortoplacista y muy arriesgada, puesto que la del shale gas es una tecnología de la cual aún hay mucho que ignoramos.


Está muy fresco el fiasco de Monterey, en California, hace poco más de dos meses, donde técnicos del gobierno de los EEUU reestimaron la disponibilidad de recursos recuperables de este megayacimiento en un 96% menos de lo que se pensaba inicialmente. El recálculo resultó un golpe durísimo para las expectativas de independencia energética de la mayor economía del mundo. Con la estimación anterior, el estado de California esperaba ver crecer su PBI un 14% y generar casi tres millones de nuevos puestos de trabajo.

Por eso, cuando nos animamos a discutir el futuro de la matriz energética tenemos que entender que hay que pensar a 20, 30 o 50 años. Reducir todo a Vaca Muerta es el equivalente a ganar la lotería y salvarse para siempre. En energía, hablar del futuro es animarse a decir, por ejemplo, que es la electricidad la que irá ganando protagonismo, principalmente por su renovabilidad, al contrario que el petróleo, el gas y otros recursos que provienen del suelo y, por lo tanto, en algún momento se acabarán.

El consumo de petróleo y sus derivados es 100.000 veces más rápido del tiempo que tardó en formarse, mientras que las fuentes eólicas o de rayos solares que generan la electricidad aparecen con menos limitaciones, y desde ya sin los efectos adversos a nivel de contaminación. Veremos una transformación basada en computadoras y sensores para que la infraestructura eléctrica entre de lleno en la era digital, dándole la posibilidad de convertirse en una tecnología exponencial. De hecho, uno de los nichos más explotables que surgen es el de la inteligencia aplicada a redes eléctricas, donde se calcula que puede haber hasta 50% de mal gasto de recursos por mala administración de la oferta y la demanda, amén de la falta de actualización y mantenimiento.

El problema aún no resuelto con estos canales de generación de energía eléctrica, es su alto precio relativo, y la Argentina con el shale gas tiene la posibilidad de ponerse a la vanguardia en una transición energética con un recurso que es menos sucio y contaminante que el petróleo y el carbón. Si bien lo de Monterey es cierto, no es menos verdad que los Estados Unidos han hecho, gracias al shale gas y a las nuevas tecnologías para su explotación, una transformación impresionante en su matriz energética en la última década.

Si bien en corrillos gubernamentales se dice que la política oficial no está jugada al 100% con Vaca Muerta, el entusiasmo por los aumentos de producción que hubo en el último tiempo vinieron por el lado del tight gas. A veces se cae en exageraciones, como fue la versión de que Europa finalmente había aceptado cerrar el acuerdo del Club de París para que sus empresas pudieran entrar en el negocio de Neuquén y no quedaran tan rezagadas frente a los Estados Unidos.
Lo cierto con respecto a Vaca Muerta, es que los especialistas locales no saben mucho al respecto, más allá de especulaciones científicas provocadas por consultoras contratadas. La frase puede sonar mal, pero es esencialmente así, y voy a ejemplificarlo: para determinar las “reservas probadas” una vez descubierto un yacimiento, se generan perforaciones simétricas a una distancia determinada una de otra, dependiendo del terreno, y en base a variables geológicas y volumétricas, se puede tener una idea “de lo que hay allí abajo” con una aproximación de máxima de un 75%.

Esto es, en yacimientos convencionales. En los no convencionales es muchísimo más complicado saberlo, pero se puede inferir a partir  –paradójicamente- del agotamiento de un pozo convencional de gran tamaño, y de baja calidad de su crudo. Porque el shale se produce por filtraciones pequeñas, algunas milimétricas, durante milenios, entre resquicios de la roca, asentándose en pequeños reservorios más profundo o al mismo nivel que el yacimiento original.
Por eso hay que fracturar la roca para llegar a él. Y a esas profundidades el mejor método hoy es la fractura hidráulica, con agua y algunos químicos a altísima presión, método conocido por “fracking”, que despierta tantas ambigüedades entre los defensores del medio ambiente.
Para que Vaca Muerta adquiera un valor real y no genere más especulaciones, tiene que producir resultados líquidos, esto es, petróleo y gas de altísima calidad, cuyo valor en el mercado será exponencial por su densidad y API. Para eso se necesita tiempo, paciencia y expertise. Ninguna de esas tres variables es considerada hoy una cuestión de estado sobre el yacimiento, por eso es que sólo hay anuncios, y especulaciones.

El verdadero desafío es encontrar una matriz energética de efecto no distorsivo y de mediano plazo, que permita paliar los defasajes de energía de la Argentina, mientras se explota seriamente, con efecto científico, al que dicen que es uno de los más ricos yacimientos no convencionales, del mundo.

Sí, del mundo. 

lunes, 7 de julio de 2014

El peronismo siempre le quedó grande a CFK

Por Ariel Torres


Hace unos años, una persona en común que tengo con el viejo guerrero Antonio Cafiero me contó una anécdota sobre la presidenta: a fines de los noventa, Antonio compartía el senado con Cristina, y el senador andaba juntando firmas de legisladores de su partido para apuntalar la iniciativa de montarle un monumento a Perón. Cuando se lo pidió a la senadora, cuenta que ésta le contestó muy enojada que ni siquiera pensara en ella para esa idea; “yo para ese viejo de mierda no pongo mi firma", dice que le respondió la representante por Santa Cruz, cerrándole la puerta en la cara.
Es la misma idea que el último martes reflotó CFK, con toda naturalidad, cuando encabezó un homenaje en la Casa Rosada al cumplirse 40 años del fallecimiento del General.
Tamaño comportamiento revela al menos dos cosas: la primera y más obvia es la relación pendular que, a lo largo de su vida, Cristina tuvo hacia el fundador político de su movimiento. Históricamente, la Presidenta siempre se proclamó más Evitista que Peronista: de hecho, es la figura de Evita, y no la de Perón, la que aparece a sus espaldas cuando hace anuncios. Más aún, hace apenas unos meses que, desde que es presidenta, empezó a definirse públicamente a sí misma como "peronista".
La lectura que hago -ya es vox pópuli- es que inmediatamente después de aquel increíble 54%, CFK pensó que podía gobernar sola, nomás acompañada de La Cámpora, Horacio Verbitsky y ese basurero de ideas llamado Carta Abierta. Pero a medida que ese capital político se le escurría de las manos, decidió hacer un equilibrio recostándose de nuevo en el PJ, y dejando al desnudo su ambivalencia, admitiendo por ejemplo que en las elecciones del 73 no había votado al Frejuli (Frente Justicialista de Liberación, que sería lo que hoy es el PJ), sino la boleta de Jorge Abelardo Ramos, que también apoyaba a Perón, pero por izquierda.En sus ya numerosos arranques de humor ácido,  le manifestó a su entorno que tal manifestación pública le iba a costar la excomunión del PJ y la tarjeta roja del Consejo Nacional.

La anécdota con Cafiero revela también los múltiples usos que la mandataria hizo de Perón y del peronismo, de acuerdo con su propia conveniencia, estrategia que volvió a reflotar en el acto-homenaje de la última semana, cuando adrede, se refugia en la figura de Perón para defender, sin nombrarlo, al procesado vicepresidente Amado Boudou.
Con fingida indignación, vociferó  que al General lo habían acusado de tener cuentas en Suiza y hasta de estupro, mientras presentaba una maqueta con dos nuevos murales, uno para Perón y otro para Hipólito Yrigoyen. Mezclando mentiras y verdades, y a cuatro días del procesamiento por cohecho de su vice, CFK enhebró, en un mismo golpe discursivo, a los medios, la Justicia y la oposición.
Atacando así a los procesos populares, desacreditándolos por corruptos, el razonamiento presidencial se asemeja a un argumento que suele utilizar Ricardo Forster, flamante secretario para la Coordinación Estratégica del Pensamiento Nacional. Una interpretación que tal vez sea cierta en el caso de Perón, a quien efectivamente -al menos hasta donde hoy se sabe- no se le encontraron cuentas en Suiza.
Algo que de ningún modo se aplica al caso de Boudou, muy por el contrario, ya que para el juez federal Ariel Lijo –en el caso Ciccone- no hay dudas y es por eso que lo procesó: Boudou habría recibido coimas, mientras que intentó apropiarse de una fábrica de hacer billetes usufructuando su lugar en el poder.
En pocas palabras, el vicepresidente habría usado influencias políticas para hacer negocios personales, un modus operandi que cristaliza una forma de hacer política, inaugurada en los años noventa y continuada, prácticamente sin cambios de fondo, aunque sí de protagonistas, durante el gobierno actual.

CFK equipara así, momentos incomparables de la historia sabiendo, como sabe, que en los años cincuenta, durante el primer peronismo, la asociación entre política y negocios no formaba parte del corazón del "modelo", como claramente sucede hoy. Ella conoce la diferencia entre Boudou y Perón porque, además, en privado no duda de la culpabilidad de aquel, aunque haya decidido seguir sosteniéndolo. Son dos cosas distintas.
La duda que me planteo es, entonces, ¿habrá querido realmente homenajear a Perón o los viejos resentimientos hacia aquel padre político conflictivo la asaltaron de nuevo?
No quieran saber, no le pregunten a nadie como debe sentirse –desde un hipotético más allá- el viejo general ante la comparación con un frívolo playboy del subdesarrollo, salido de las filas de Alsogaray, que es cualquier cosa menos peronista: está claro que, con esos defensores, la vieja costumbre de buscar enemigos afuera corre el riesgo de caer en desuso.