viernes, 14 de septiembre de 2012

Impactante mensaje al mundo K


Por Ariel Torres

Impaciente, esperanzada, anárquica, heterogénea, inorgánica, sin cabezas visibles que la condujeran, una parte importante de la sociedad argentina provocó anoche, quizás, el hecho de rebeldía más importante de la era cristinista. Las emocionantes y multitudinarias manifestaciones reclamadoras carecieron de un elemento convocante y de una conducción estratégica y logística, al revés de lo que sucedió durante la crisis con el campo, en 2008. Esa suerte de libertad primaveral fue convocada exclusivamente por las redes sociales; sólo ayer algunos medios periodísticos consignaron escuetamente la información sobre las posibles concentraciones.
Cuál fue el número de los convocados llevará a no pocos desaguisados entre dirigentes amorfos de ideas, pero las imágenes que mostró la televisión fueron elocuentes de la cantidad de gente que hubo y de la dimensión de la protesta.
Nuestra Inquilina de lujo en Olivos está sometida ahora a la obligación de indagar el porqué de tanto descontento social, menos de un año después de haber ganado ampliamente su reelección como presidenta. Es más que probable que muchos de los que anoche batieron las cacerolas la hayan votado a Cristina en octubre pasado. La Presidenta ganó entonces (o hizo una buena elección) hasta en los barrios más elegantes de la Capital. De hecho, ella ganó aquí como candidata presidencial, donde poco antes se había impuesto Mauricio Macri como jefe de gobierno.
No estuvieron sólo las "viejas de la Recoleta" ni la clase media alta enojada por el cepo al dólar. Esas son las descalificaciones a las que recurrió el cristinismo, fanáticamente ciego, cuando sucedieron los anteriores cacerolazos. Ayer hubo expresiones de los barrios del sur capitalino o de Flores y Caballito, los lugares geográficos más poblados por los porteños de diversa procedencia social. Los grandes centros urbanos del país, como Córdoba y Rosario, confirmaron lo que venían mostrando las encuestas: la Presidenta está peor allí que en la propia y esquiva Capital. El interior siguió el ritmo de la Capital, como pocas veces antes, aunque aquí se dio el centro de la protesta.
Si CFK aceptara que la realidad es distinta de la que ella percibe, podría comprobar que gran parte de los argentinos se sienten defraudados. La Presidenta cometió una estafa electoral porque nunca durante la campaña prometió que iría por todo, como se propone ahora, aunque ese slogan autoritario signifique en los hechos la destrucción de todas las barreras institucionales. Nunca antes prometió la radicalización de su gobierno hasta el extremo de negar libertades esenciales o de convertir al Estado en un gendarme permanente en la vida cotidiana de los argentinos. Esa Cristina apareció después de conseguir el 54% de los votos con otra imagen personal y con otras promesas.
Una Cristina que nadie esperaba, porque no fue una Cristina prometida. Ni mucho menos.
El monumental fárrago cambiario no fue el hecho más convocante. Esta precisión debe ser subrayada porque gran parte de la televisión que responde al kirchnerismo meneó ese reclamo cuando decidió, casi dos horas después de iniciada la protesta, informar sobre lo que sucedía. Quizá predominó en las concentraciones un enorme malestar por los sucesivos recortes a la libertades y un generalizado rechazo a la reforma de la Constitución para habilitar la re-reelección.
Más bien las que tuvieron una influencia decisiva fueron la inseguridad y la inflación. El silencio presidencial sobre esos conflictos de la sociedad, a pesar de los permanentes discursos por la cadena nacional de radio y televisión, terminó provocando tanta irritación como los problemas en sí mismos. Los discursos por cadena se han transformado en disparadores de un fastidio social pocas veces visto, y oído.
Es indudable que la inflación molesta tanto como las mentiras sobre la inflación. Hay cosas sobre las que no se le puede mentir a la sociedad; una de ellas es el costo de la vida. La extravagancia llegó al ridículo cuando el Indec aseguró que un argentino puede vivir, y costear las cuatro comidas del día, con 6 pesos. Los emblemáticos 6 pesos circularon anoche por todas las concentraciones, en tonos de burla con los epítetos más ocurrentes.
La novedad en los reclamos fue el de la corrupción, con mención incluida al vicepresidente Amado Boudou. Esa es otra defraudación electoral de Cristina Kirchner, única electora de un vicepresidente peligrosamente perseguido por los jueces por supuestos hechos deshonestos en el ejercicio de la función pública. Es también la comprobación de que la sociedad se quedó sin plata. Sólo en esas circunstancias, desgraciadamente, sectores sociales importantes constatan que la corrupción es determinante en el mal manejo de la administración pública.
Sin dudas, el delfín de la AFIP, Ricardo Echegaray tiene su carga de responsabilidad por el mayor cacerolazo espontáneo que sufrió su presidenta. No debería ser descalificatorio que una parte importante de la sociedad se sienta perseguida y maltratada por querer comprar moneda extranjera. El cristinismo ha llevado a los argentinos a la edad de piedra con un sistema cambiario tan arbitrario como humillante. Podría decirse que Echegaray, Guillermo Moreno o Axel Kicillof tienen parte de la culpa de lo que sucedió anoche, porque el autoritarismo que exudan en sus palabras y en sus actos fue el sesgo que más irritaciones sociales provocó. 
Y la tienen, pero ellos no existirían si no existiera una presidenta que siente a gusto con esas palabras y esos hechos.
Cuando la democracia descree de los mecanismos institucionales naturales con que cuenta para manejar el disenso y el consenso, es señal de que los ríos subterráneos vienen turbios y contaminados. Un problema sin solución surge cuando un gobierno elegido suprime de hecho esos mecanismos para administrar el desacuerdo. Sólo le queda la imposición de un método y de una verdad, inapelables. El conflicto se agrava cuando desde el poder se arrincona a la sociedad (o a gran parte de ella) hasta que a ésta no le queda otro recurso que reunirse para hacer ruido con la enorme carga de su impotencia.
Es hora de un ruido aún mayor y más contundente. El de las urnas.

sábado, 8 de septiembre de 2012

El Ravi Shankar y su paso por Olivos

Por Ariel Torres




La Inquilina Nro. 1 de Olivos no olvidará jamás la histórica visita a Olivos, esta semana, de Sri Sri Ravi Shankar, el gurú espiritual que es seguido por cientos de millones de personas en todo el mundo. Creador de El Arte de Vivir, la señora lo consultó sobre El Arte de Seguir, y hablaron de los temas más variados, siempre en un clima de cordialidad y mutua admiración.
El líder espiritual tampoco olvidará ese diálogo. Acostumbrado a hablar ante multitudes, a que lo escuchen líderes de todo el planeta, a que su palabra provoque las conversiones más radicales, no le pasa muy seguido ir a ver a alguien y prácticamente no poder abrir la boca. La que llevó el peso de la conversación siempre fue ella, que se había preparado para que su visitante se diera cuenta que, salvo que seas Hugo Chávez, detesta los consejos venidos de afuera.
Cristina sabía que sus seguidores lo llaman cariñosamente guruji , y así lo recibió: "¡Hola, maestro guruji ! Bienvenido al Paraíso Terrenal: la Argentina K". Cuando él respondió con una ligera inclinación de cabeza y le tendió sus manos, ella, reina amable, le dijo que no hacía falta que se arrodillara (...).
Una vez hechas las presentaciones, y luego de un pequeño tour por la residencia, se sentaron en el gran living de la residencia. Ella, en un sillón de seis cuerpos, sola. Él, en el piso, con las piernas cruzadas. Antes, intercambiaron presentes. Ravi Shankar le obsequió un pequeño libro con meditaciones. La señora, la colección de 32 tomos que reúne sus discursos. Y, obviamente, la anfitriona tomó las riendas:
CFK: Leí en la entrevista con LA NACION una frase muy sugerente: "La alegría es siempre ahora, nunca es mañana". Qué quiso decir, exactamente?
SRI: Es una invitación a disfrutar el presente sin...
CFK: Claro, sin estar atado a lo que no sabemos si vendrá. Con todo respeto, voy a discrepar. Yo disfruto ahora, pero también disfruto el mañana y el pasado mañana, porque voy a seguir siendo la Presidenta. Disfruto con el poder que tengo ahora y más con el que voy a tener en el futuro.
SRI: Hay que disfrutar otras cosas. Por ejemplo...
CFK: Sí, sí, claro, por supuesto, otras cosas: yo disfruto cuando mando y cuando me obedecen. Me encanta dar órdenes. Someter. Que me tengan miedo. Que me aplaudan. Que me aplaudan por miedo a lo que les puede pasar si no me aplauden. Como verá, no hablo de cosas materiales, sino del espíritu: tiene que ver con la satisfacción plena del alma. De mi alma. Ah, maestro, qué bien la estoy pasando con usted! Es impresionante: se ve que tiene un carisma especial que hace elevar los espíritus.
El Ravi la oía en silencio, reconcentrado, y le devolvía una sonrisa tierna y una mirada profunda. ¿O acaso su pensamiento se había fugado al más allá? En el más acá, la señora seguía con su unipersonal. Le dio una extraordinaria lección de historia argentina, le habló de El, de Ella, del mundo, de Máximo ("Me gustaría que lo conociera! Se entenderían enseguida porque él, como usted, es un hombre de meditación más que de acción"), del milagro que le había regalado la Providencia con el falso positivo de la tiroides...
Sri Sri la vio volver una y otra vez al pasado, algo que él no recomienda. Siempre dice que la vida debe ser como los autos, que tienen un parabrisas grande para mirar al frente y un pequeño espejo retrovisor para mirar hacia atrás. Quiso decírselo, pero no pudo. Ella seguía hablando.
-Dígame qué me puede enseñar sobre El Arte de Seguir? Porque yo voy por todo, pero cómo cuesta. Usted estuvo ayer meditando con presos y a todos les pareció bárbaro. Nosotros sacamos a los presos a meditar en actos partidarios y nos hicieron un escándalo. No termino de entender a los argentinos. Cerramos las importaciones, prohibimos comprar dólares, no los dejamos viajar afuera, los ahogamos con la inflación y la inseguridad, los hacemos viajar como animales en trenes que descarrilan y chocan, y nada. No pasa nada. Pero la otra noche no pudieron ver televisión porque hablé por cadena y se pusieron como locos: salieron a las calles a golpear las cacerolas. Se enojan más por no poder ver una telenovela que por los desastres que hace mi vicepresidente.
Llegado ese punto, el ilustre visitante había descruzado las piernas y empezaba a incorporarse. Cristina no entendió que se estaba yendo, sino que lo hacía para oírla mejor. Entonces subió el tono de voz. "Ravi, guruji , amigo mío: estamos yendo a las escuelas a adoctrinar a los alumnos para que después nos voten. Hacemos como en sus reuniones. Un gurú de La Cámpora habla y los chicos escuchan en silencio. Usted mañana va a unirse a una gran cadena universal de oración? Yo hago lo mismo: hablo en cadena para todos. Usted es famoso por facilitar el diálogo entre personas de distintas ideologías? Yo soy famosa por evitar el diálogo con personas que no comparten mi ideología. Se da cuenta? Somos dos almas gemelas. Por eso nos entendimos tan bien. Por favor, vuelva: siempre será bienvenido.
Por supuesto ya estaba pensando en mandarlo a espiar con la AFIP. "A éste lo trajo Macri, no? Que aprenda...", diría después a solas, en voz alta.
El Sri Sri Ravi Shankar, sabio y humilde, la despidió y se fue junto a su pequeña comitiva, las manos entrelazadas sobre la túnica blanca. Musitó algo mientras se marchaba, pero en su lengua. Qué lástima no poder traducirlo.
Un fino hilo de transpiración corría por su frente...

viernes, 7 de septiembre de 2012

Lo bueno, lo malo y lo feo...

Por Ariel Torres




A la luz de los últimos acontecimientos, tres son las incertezas que complican el debate sobre la pobreza en Argentina.
Vayamos a la primera: la pobreza se mide en base a una canasta básica de consumo que, según aseguró la directora del INDEC hace unos días, "no tiene ningún valor para saber como vive el pueblo" -lo que sugiere que hay muchos más pobres que los pobres del INDEC-, o que los pobres del INDEC son cada vez más pobres. Este déficit de información, sin embargo, es subsanable: existen buenas aproximaciones privadas de la canasta básica.
Dicho lo anterior, desembocamos en la segunda duda que, menos idiosincrática y más compleja, también se relaciona con la falta de datos. En este punto, para no perderse en cuestiones semánticas, conviene ir por partes.
Cuáles son los datos conque contamos? Tenemos buena información del ingreso que los hogares perciben del trabajo, de los beneficios previsionales (pensiones y jubilaciones) y de la asistencia social (seguro de desempleo, asignaciones). En nuestro país, la fuente es la Encuesta Permanente de Hogares (a diferencia de países como Brasil o México, nuestro censo no incluye preguntas sobre ingreso).
Si tenemos en cuenta que es éste el ingreso del que hablamos cuando hablamos de pobreza y equidad, se entienden algunos patrones familiares. Por ejemplo, la alta correlación con el empleo (el desempleado, sin ingreso laboral, es a los fines estadísticos un pobre, sobre todo cuando las redes de protección social tienen alcance limitado) o el efecto benéfico de transferencias como la Asignación Universal por Hijo (en algunos hogares, el principal ingreso) o las mejoras, más graduales, asociadas a la recuperación del salario real. De ahí, el deterioro brusco de la pobreza y la equidad en las crisis, su pronta recuperación en las poscrisis y su amesetamiento posterior.
Los demás ingredientes que son parte esencial del ingreso efectivo (es decir, del consumo y la calidad de vida) de las familias y su distribución, sólo se explican con aproximaciones imprecisas. Algo sobre la distribución de las transferencias públicas "en especie" (bienes públicos o subsidiados como educación, salud, seguridad, transporte, servicios básicos, que son parte de lo que los economistas llaman distribución secundaria del ingreso) y casi nada sobre las rentas financieras, siempre difíciles de estimar y en muchos casos no declaradas.
Como un oximoron implacable, el problema fundamental para hablar de pobreza quizás sea el menos visible: no tenemos datos de riqueza.
TODO LO QUE LLAMAMOS INGRESO NO ES NECESARIAMENTE RIQUEZA
Arranquemos por el final: una mejora en la distribución del ingreso (por ejemplo, por recuperación del empleo o mejora del salario) puede derivar fácilmente en un deterioro de la distribución de la riqueza. Por ejemplo, si los trabajadores consumen todo su ingreso en bienes y servicios, la mayor parte del incremento del ingreso terminará en la mano de los proveedores de esos bienes y servicios: sus empleadores.
De la misma manera sucede si los instrumentos de ahorro con los que cuenta el trabajador pierden valor a manos de la inflación. Por ejemplo, una política de tasas de interés bajas contribuye al ahorro del deudor (es decir, de los sujetos con acceso al financiamiento: clase media alta, empresas, gobierno) a expensas del ahorro del ahorrista (es decir, del depositante, o del consumidor que guarda su salario en una cuenta sueldo a tasa cero). Así, al final del día, un incremento del ingreso relativo de los que menos tienen puede traducirse en un incremento de la riqueza relativa de los que más tienen.
Escondida en esta aparente contradicción hay una distinción trivial: el empleo y el subsidio, al aumentar el ingreso corriente, reducen la pobreza de hoy pero no la de mañana; para reducir la pobreza de manera permanente (para salir de la pobreza) se necesita un empleo o subsidio permanente o, si aceptamos que ninguna de las dos opciones es deseable o viable, un ahorro.
Tomando como base el largo plazo, la riqueza (es decir, el valor de los ahorros acumulados) sería algo así como el negativo de la pobreza. Y qué podemos decir de la distribución de la riqueza? Hasta tanto se incluyan preguntas específicas en los censos y encuestas, la información es paupérrima.
Sin ahondar demasiado sabemos que, en las crisis, el gran ahorrista (por estar más alerta o por ser alertado con anticipación) huye antes que el pequeño (que muchas veces no sale). Si a esto le sumamos la concentración del ahorro financiero en los hogares más ricos y los costos de invertir en el exterior, podríamos inferir que la mayor parte de los ahorros argentinos dolarizados en el exterior está en manos de la población de mayores ingresos. En ese caso, si bien el efecto de una devaluación postcrisis sobre la distribución del ingreso suele ser progresivo (por su efecto benigno sobre el empleo), su impacto sobre la distribución de la riqueza sería regresivo.
LA RIQUEZA Y LA VIVIENDA
A mi modo de ver, el mejor ejemplo de esta inequidad de hoja de balance -el único para el que tenemos algunos datos- es más cercano en el tiempo. Con los recaudos que exige toda generalización, podría decirse que las familias ahorran fundamentalmente en ladrillos. Hay otros ahorros, claro: en impuestos y aportes para financiar el sistema de servicios públicos y protección social en países europeos o en Canadá; en seguros de retiro países con estados más reticentes como EE.UU. o Inglaterra. Pero, en ambos casos, la hoja de balance familiar presentará en general deuda hipotecaria del lado del pasivo y metros cuadrados del lado del activo.
Esta singularidad no es prerrogativa de las clases medias del mundo desarrollado; también se aplica a hogares humildes en países en desarrollo con mercados hipotecarios menos inclusivos. Así, en barrios carenciados de América Latina puede verse el ahorro de hormiga de ladrillos apilados, o el trabajo de fin de semana para levantar una nueva habitación o un nuevo baño.
Está clarísimo que, en ese esquema, la falta de protección contra la inflación -o el abuso a veces deliberado del impuesto inflacionario- inhibe ambos tipos de ahorro.
Porqué es tan claro? Porque del lado de las hipotecas, el efecto es simple: las encarece. El tradicional sistema francés de cuota fija exige cobrar en las primeras cuotas lo que la inflación licuará en las últimas; por eso, la primera cuota es hoy tan alta que pocos califican. Y la solución natural a este dilema, la indexación a la inflación, requiere de un índice libre de manipulación que hoy se ve lejano.
Si observamos las consecuencias directas, éstas se ven en los datos: según el censo, el porcentaje de familias que alquilaban su vivienda, que había bajado en los 90, subió de 11% en 2001 a 16% en 2010. El deterioro no se debió a la crisis: la EPH muestra que la tasa de inquilinización tuvo un sendero ascendente en los últimos años -previsiblemente, más empinado para las familias jóvenes de sectores medios que tuvieron y perdieron el acceso al crédito.
Y adónde fueron estos ahorros? Para responder esto basta mirar cómo en las carteras de los bancos el stock de hipotecas va siendo gradualmente reemplazado por préstamos personales y tarjetas. Lentamente, la familia argentina pasó de ahorrar en ladrillos a "ahorrar" en autos y LCD -o simplemente a no ahorrar-, consumiendo sus excedentes. Esto no implica que el país como un todo no haya ahorrado; por el contrario, el consumo de unos es el ahorro de otros, como lo atestigua la sólida rentabilidad de las empresas que alimentan ese consumo -o el desendeudamiento del gobierno, beneficiado por las tasas bajas y la licuación inflacionaria.
Lo que el paradigma de la inquilinización de la familia argentina nos dice es que la redistribución progresiva del ingreso medido por la EPH probablemente haya convivido con una redistribución regresiva de la riqueza. En términos más simples, que el aumento de ingreso fue en muchos casos pan para hoy; que la recuperación del empleo redujo la pobreza pero no necesariamente sacó a las familias de la pobreza.
Por fin y por último, un modelo inflacionario de tasas bajas que incentiva el consumo a expensas del ahorro genera una inequidad de hoja de balance, menos visible pero más duradera, que invierte la premisa, heredada de la inmigración, del ahorro como instrumento de movilidad social. Y que nos convierte en una sociedad cada vez más dependiente del humor y la especulación.
Y nos obliga a votar con el bolsillo.





La trampa de los miedos

Por Ariel Torres




Todos estamos expuestos a ser blanco de los miedos, cualquiera que fuera su forma. En ocasiones esos miedos están aletargados dentro de nuestros propios pensamientos, de nuestra propia alma. Forman parte de aquellos que hemos aprendido en la vida por las malas, y no queremos que se repita.

Los que tenemos más de 40 sabemos perfectamente lo que no queremos que suceda con nuestra libertad y nuestro derecho a elegir lo que queremos para nuestra vida, y la de los nuestros.

Qué me da miedo hoy? Se los resumo en una frase:

- "Sólo hay que temerle a Dios... y un poquito a mi."

La autora de tan demagógica y autocrática frase es la Inquilina Nro. 1 de Olivos. Nuestra presidenta. Que lejos de ser una estadista, hoy en día sólo es la jefa del poder ejecutivo, que está allí por el voto popular. Un voto al que no le hace honor, con su actitud.

A mi modo de ver, una fórmula exitosa para oponerse al miedo, se basa en dedicarle tiempo a nuestro propio placer, pero eso no es tarea fácil por sí misma. Imagino que con nuestros derechos cada vez más pisoteados y dirigidos, esa tarea será mucho más difícil.

Me vigilan si compro más de $ 1.000 en el supermercado. Me vigilan si compro U$S. Me vigilan si viajo al exterior. Me vigilan cuando pago las cuotas del colegio privado de mis hijos. Me vigilan la tarjeta de crédito. Me vigilan. Me vigilan. Me vigilan.

Hace muchos años aprendí que las mejores armas de la Dictadura eran el terror y las noticias falsas.

Tengo miedo.

Say no more...

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Los muros dividen, nunca suman.

Por Ariel Torres


El último 28 de agosto, en la ciudad de Quilmes, en el GBA, se "inauguró" un nuevo muro en el país del siempre jamás de la Inquilina Nro. 1 de Olivos. Disculpen el eufemismo, pero ya que la cadena emocional se usa casi siempre para dar "buenas noticias", que el pueblo inaugure algo no deja de ser bueno... 

Si se dan una vuelta, la imagen del muro y el paisaje fabril que se recorta contra el cielo despejado podría estar en las afueras de Lima, Turín o Belfast. Sin embargo, la imagen ofrece una anomalía que la vuelve cercana: sí, se trata de esa calle que parece interrumpida o súbitamente cercenada, como si hubiera dejado de unir de pronto lo que ahora quedó de uno y otro lado. Bienvenidos a Quilmes, provincia de Buenos Aires, donde la sensación de inseguridad se materializó, por obra y gracia de industriosos vecinos, en algo tan concreto como un muro de cemento. 

Se reunieron, vaquita mediante, e invirtieron en ladrillos, a 500 mangos por cabeza. El número no es caprichoso, fue el resultado de un simple cálculo: era más barato levantar el muro que seguir a merced de los ladrones que, botín en mano, escapaban por las vías del ferrocarril Roca hacia la cervecera Quilmes y -dice la crónica- la villa cercana. Los ladrones ya no pueden salir. Tampoco entrar. Tal vez por eso el lugar tiene un aspecto desolado. 

Dónde estarán ahora los vecinos de la calle Matienzo? Adentro o afuera? Ese es el problema con los muros. Tras levantarlos, uno no sabe de qué lado quedó. Para evitar este inconveniente, el Gobierno lanzó la idea de desalambrar los barrios privados. Reunidos en la plaza en dulce montón, ricos y pobres forjarán así la "cultura nacional", según soñó un ministro iluminado. Deberían haber empezado por apaciguar las calles, recomendarían en el conurbano sur. Pero, paradojas del poder, la Casa Rosada está más ocupada en promover la división mediante la épica del combate perpetuo, que además, como se sabe, multiplica los muros. 

Los vecinos de la calle Matienzo llevan ventaja: su muro adoptó forma material. Por ahora, y salvo que su ejemplo se replique a lo largo y ancho del país llevando a las nubes el índice de la construcción, los demás deberemos perseverar en el riesgoso ejercicio de convivir en medio de muros menos visibles pero igual de duros y resistentes que, como los otros, también imponen una lógica simple. 

De un lado, nosotros. Del otro, ellos.

Un día de esos...

Aqui estoy... siempre con el optimismo a flor de piel, aunque el alma se estruje un poco a veces. Dicen que la música aplaca a las fieras, y este tigre está triste, y solo. Quizás esta canción exprese más de lo que puedo decir:




Podría haberla escrito yo, y cantarla desde el alma.

Hace poco perdí a mi viejo, después de una corta pero penosa agonía. En ese tiempo me conecté con él lo más que pude, o al menos eso quiero creer. Cuando bajó a la tierra, sentí que bajé con él, y pude ver las líneas de las distintas capas de tiempo conforme bajaba... y no me gustó lo que ví. Años y años de hacer siempre lo que quería, sin detenerme en si estaba correcto o no, con la sensación de que mi vida acabaría pronto, y que el regalo de la existencia sólo se justifica si uno lo vive a pleno. 

Pero en estos dos meses todo se me vino encima. Siento que estoy donde no quiero estar, atado de pies y manos por las circunstancias, tratando de hacer lo que la mayoría hace: permanecer.

No quiero más esto. Tengo mucho trabajo que hacer, mucha muralla que destruir. Lo que pasa es que sido tan concienzudo en su construcción, que no sé por donde empezar. Mi cielo a veces se me cae encima. Mis ríos se desbordan por mis ojos. Mi sol se cubre de nubes. Pero mi espíritu jamás se quebró.

Vos me conociste bien, sé que mejor incluso de lo que expresás.

Y si me confundí con vos, o quise confundirte, debés perdonarme. Porque una vez me prometiste que nunca me abandonarías...

Y yo te creí.

sábado, 1 de septiembre de 2012

Nuestro propio Guasón

Por Ariel Torres




Estoy pensando con que epíteto describir el encubrimiento que se produce a la vista de todos, en el Congreso de la Nación, y no lo encuentro. Y eso que me jacto de tener un vocabulario bastante extenso, del que me enorgullezco. Encubrir a la vista es un oxímoron, una paradoja para la cual no existe un término que la sintetice. El lenguaje se agota frente a las peculiaridades de la Argentina, sitio en el que produce, mes a mes, una ampliación del concepto de lo posible.
Curiosa y tristemente, el primer dato de esta ampliación es que, en un debate parlamentario, y no entre gallos y medianoche, el Estado argentino expropió una empresa cuyos dueños no se conocen. A ninguno de los legisladores que votaron a favor se le ocurre averiguarlo, ni le interesa. El segundo es que no se sabe qué es lo que se está expropiando, si acciones o bienes. El tercero es que el Estado argentino expropió una compañía de maquinarias obsoletas, en la que los billetes se producen en condiciones cuasi artesanales, como recordó Manuel Garrido. Y cuarto, que esto se logró no sólo con el voto del oficialismo, principal interesado en eliminar este problema de la agenda pública, sino con el auxilio de parte de la oposición.
Como ya lo dijo alguien por ahí, las palabras pueden significar cosas opuestas, porque lo único que importa es quién es el que manda. A propósito, si no fuera porque al pellizcarnos comprobamos que estamos despiertos, bien podría todo esto ser parte de una fábula de Lewis Carroll, un hueco en la realidad por el que hemos caído colectivamente. Comenzando con la inefable sonrisa, que estaba presente, sentada en la rama más alta del Senado, al igual que el gato de Cheshire. Se trata de un paralelismo que se podría profundizar, ya que en algún momento debe de haberse desatado una discusión, en la que tiene que haber participado la Reina de Corazones, acerca de si algo que no tiene cuerpo puede o no ser decapitado. Legítima duda que habrá asaltado a quienes protegieron a quien es percibido como un cadáver político. Ante lo cual no podemos menos que recordar la sonrisa del Guasón, que si bien parece, no es sino más que una mueca obligada, pintada sobre el cinismo. Una sonrisa casi sin vicepresidente.
Una mueca hecha sonrisa, que permanece durante un tiempo después de que el resto ha desaparecido. Esto es lo que ocurre con la sonrisa de la impunidad en nuestro país: permanece, encarnada en sucesivos actores, cuyos nombres se van desvaneciendo, desde hace décadas. Es la sonrisa del que sabe que nada puede ocurrirle, aunque se dedique al pillaje, como tampoco ocurrió nada con aquel que en su momento robaba para la corona, entre cientos de otros. Son las siete vidas de la impunidad. Esta expropiación es un capítulo adicional en la fábula de un país injusto e impune, que mantiene a su democracia detenida en la infancia. Surrealista, arbitraria y sin reglas de juego, como la del Guasón.
Sonrisa que además, está teñida de caos, tan necesario para derramar anarquía disfrazada de populismo.